Tuesday, November 14, 2006


EL CABO NOVAL EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE
LOS TRES BUQUES
por Asturquín
El 28 de septiembre de 2009 se cumple el primer centenario de la muerte del Cabo Noval, un asturiano que dio la vida por salvar la de sus compañeros y que años más tarde volvería a su tierra, Oviedo que le vio nacer.
Su heroico comportamiento ya es lo suficientemente conocido, por eso con este pequeño homenaje, quiero recordar la vinculación del héroe con la Marina, recordando que hasta Melilla llegó en el buque Ciudad de Cádiz y que sus restos a bordo de otros dos el Hespérides y el Españoleto.
Conozcamos cada uno de ellos y algunas circunstancias tanto del viaje de ida como de su vuelta gloriosa.
Noval que había viajado en tren junto a sus compañeros de expedición, la tercera del Regimiento de Infantería Príncipe 3, embarcó en el buque Ciudad de Cádiz, en el puerto de Málaga, el 13 de septiembe de 1909, desembarcando en un lanchón, al día siguiente
en el muelle Villanueva del puerto de Melilla.
El día 15 escribía una carta a su hermana Olvido, en la que dcía entre otras cosas, que había llegado sin novedad después de haber hecho un viaje muy felíz y muy divertido.
El Hepérides había llegado a España en el año 1892, desde Inglaterra después de ser botado en los astilleros de los Sres. Wigham Richardson y C.ª, de donde había salido también el vapor Alfonso XII, en Newcastle.
Navegación e Industria, lo había adquirido para dar servicio de correos entre la Península y las Islas Canarias, y bajo la inspección de Lloyd, que le concedió la más alta clasificación + 100.A.1. Su casco era de acero, 60 metros de eslora, 8.85 de manga y 6.55 de puntal, con una capacidad de algo más de 1.350 toneladas de desplazamiento. Su máquina de triple expansión desarrollaba hasta 1300 caballos, llevando dos grandes calderas que medían 500 metros cuadrados de superficie de calefacción, consiguiendo, sin forzar la presión de las calderas al máximo de su régimen una marcha de 13 1/2 millas, aunque fácilmente alcanzaba las 14 millas. El aparejo era de pailebot de dos palos, y su tripulación de 35 hombres.
Aunque relativamente un buque pequeño, sin embrago reunía para los pasajeros las mismas comodidades que los grandes trasatlánticos. La cubierta superior era de madera de tek, y en la parte correspondiente a la popa tenía un pequeño salón que servía para los fumadores, desde él se llegaba directamente al comedor inferior independiente, que ocupaba todo el ancho del vapor. El decorado de este era sencillo pero elegante, tenía cuatro mesas con sillones giratorios y cuya capacidad era de cuarenta personas.
Los camarotes se encontraban a ambos costados, bien acondicionados, en cada uno de ellos había dos literas y un sofá con su correspondiente lavabo, espejo etc., acomodando a 42 pasajeros. Al lado del comedor había una pequeña sala independiente con cuarto de baño, decorado con espejos, donde alrededor de una mesa sofá, se reunían las señoras, espejos u cuarto de baño. La perfecta distribución de todas sus dependencia llamaba la atención, así como la completa ventilación.
Las lámparas incandescentes brillaban por todas partes, aunque llevaban también el alumbrado usual en previsión que fallase la dinamo, y los timbres eléctricos estaba en todos los sitios. Para el servicio contra incendios estaba dotado de potentes bombas con tubos matafuegos, convenientemente colocados en las cámaras; para el supuesto de que se declarase fuego en las bodegas, disponía de tuberías, que inmediatamente se inundarían con vapor tomado de las calderas.
La cámara de segunda clase se hallaba en la parte de proa y también tenía salón comedor independiente y camarotes para 24 pasajeros. En cuanto a los de tercera clase iban colocados en un amplio sollado, bajo la segunda cámara.
El buque estaba dividido en compartimentos estancos y llevaba lastre de agua, en tres divisiones independientes, lo cual le permitía dar el calado más conveniente según sea la carga que lleve. En su venida desde Inglaterra sufrió un violento temporal en el golfo de Vizcaya, que aguantó perfectamente. Fue su primer capitán D. Enrique García. (Revista Navegación y Comercio 1892, Sig: D-5858. B/N. Madrid).
El 21 de junio de 1915, los restos del heroico Cabo Noval, en el mismo muelle de Melilla que le vió llegar feliz en 1909, serían embarcados solemnemente del Hepérides al mando de su capitán D. Jaime Gelpi.
En Málaga esperaba anclado el vapor Españoleto, sería el último trasbordo por mar, que después de una prolongada travesía llegaba al puerto pesquero de Cimadevilla en Gijón, el 24 de octubre, capitaneado por el marino gijonés D. Guillermo Menéndez. La capilla ardiente de Noval se encontaba alojada en el camarote del capitán y hasta él llegaron las primeras autoridades para rendirle homenaje. FIN

Monday, November 13, 2006



CAMPANAS,
VÍNCULO DE APELLIDO

por Asturquín

Es difícil establecer lazos entre los mismos apellidos a lo largo del tiempo, que aparezcan en distintos lugares geográficos, durante el transcurso de una investigación genealógica. Los documentos escritos diseminados por muy diversos archivos, nos obligan a perder infinidad de horas, buscando entre los legajos polvorientos, con resultados en muchos casos negativos.
Otras veces, indicios que nos hablan de entronques, aparecen de manera insospechada. Este es el caso que trato en este artículo, las campanas son testimonio de vínculos familiares de un apellido leonés, puesto que algunos de los miembros que portaron el mismo pertenecen a una rama que se ubicó en Extermadura, en Plasencia. Indudablemente hay otras vía de investigación para tratar de relacionar estos enlaces familiares, pero éste no es el caso que ahora me ocupa.
Juan Alfonso de Mayorga, Gran Privado del rey Don Pedro, fue Canciller Mayor del sello de Puridad, por los años 1360, y su Embajador y Consejero.
El Capitán D. Diego de Mayorga, estuvo al servicio del rey Don Juan II, participando en la batalla de Higueruela dada el 27 de junio de 1431 contra el rey musulmán de Granada Muley Baudeli Alaycar, Muhammad VIII. En una de las acciones, durante dicha expedición por tierras andaluzas, que se alargaría por espacio de dos años, hostigando a los sarracenos cayó mortalmente herido.
Alfonso Vaca de Mayorga, dispuso en su testamento, con fecha de 8 de julio de 1943, que diez mil maravedís de su legado, fuesen para para pagar la forja de una campana para la iglesia de San Lorenzo, en Sahagún.
Un hijo Pedro Alfonso de Mayorga llevaría a efecto la disposición de su padre, haciendo efectiva esta cantidad de dinero, que por aquella época era una cantidad respetable. Fue muy celebrada la instalación de dicha campana, en aquella comarca, la llamaron “La Jordana”.
Nos falta un dato primordial, conocer las armas de linaje de este apellido, y lo vamos a encontrar precisamente en la capital leonesa, labradas en piedra. Es verdad que conozco las armas de dos ramas familiares pero nos vamos a fijar, en el que para este trabajo nos interesa. Observamos que en una casa blasonada, de la calle Arco de las Ánimas de León, donde dos puntas de lanzas realzadas, en cada uno de los dos campos, delimitados por una barra transversal engolada en cada uno de los extremos por una cabeza de dragón, y una bordura con ocho aspas realzadas, componen el escudo, y sobre el yelmo, un pelícano con dos crías. Sin duda eran las armas de un personaje caritativo y piadoso, pues en heráldica así se significa.
Ahora bien, establecer el tiempo en que llegaron los de este apellido a las provincias extremeñas, resulta imposible, pero al menos sabemos, que el asentamiento de los cristianos en la Transierra Occidental, como así se llamaba, y cuya ocupación resultaba necesaria para consolidar su dominio definitivo sobre la Meseta meridional, comenzó con la conquista de Coria, llevada a cabo por Alfonso VII, en el año 1143, e iban a determinar los primeros establecimientos cristianos en el valle del Alagón.
La Transierra Occidental quedó como como zona de expansión leonesa y a ello dedicarán especial atención los nuevos monarcas; Fernando II y Alfonso IX, y como consecuencia entre los años 1185 y 1186, se funda una población importante con rango de ciudad: Plasencia.
Todos los años, en la plaza del Ayuntamiento de Plasencia, el primer martes del mes de Agosto, se celebraba, no se si aún se sigue celebrando, el denominado Martes Mayor, pata exaltar los valores agrícolas y artesanales de la zona. Todo el mundo tenía ocasión y tiene de observar, que en una de las torres del Ayuntamiento se encuentra la figura del abuelo Mayorga, que hace sonar otra campana mediante una maza, siendo el símbolo de la ciudad y que marca de esta manera las horas.
La campana, de elegante diseño, en letras renacentistas, nos muestra una leyenda: “se hizo esta obra por mandato de los señores justicia y en el año del Señor de mil quinientos y cuarenta y seis. Diego de Bárcenas es el autor de ella: breves dies hominis sunt (los días del hombre son breves) y hut placeat fortuna suo mute ferenda (destruir la mudez de la fortuna).
La denominación de campana de Mayorga, se asocia al abuelo Mayorga, un relojero procedente de Valladolid, pero he aquí la cuestión a la hora de observarla detenidamente,quien la hizo construir, ó que contribuyó en gran medida a su financiación, se despeja con lo siguiente: la firma bellísima mediante dos sellos, nos habla de un personaje relacionado con la familia leonesa, en uno de ellos se reproduce un león rampante de larga cabellera, orlado mediante la leyenda: Vincit leo de tribu iuda, radix david (venció el león a la tribu de Judá. Estirpe de David). El otro muestra un pelícano dando de comer a sus crías con la inscripción : pellicanus solitudinis similis factus sum ( fue hecho de modo semejante al pelícano de la soledad).
No creo andar muy descaminado al suponer se tratase de algún familiar de Fray Diego de Mayorga, de la Orden de San Francisco de Asís, que sobre los años 1450, fue obispo de Badajoz y de Plasencia, embajador del rey D. Juan II.
FIN
LA CIUDAD DE TRES CANTOS
HISTORIA DE UN NUEVO MUNICIPIO

por Asturquín

I PREMIO LITERARIO
"ANTONIO OSUNA MÁRQUEZ"

Como otros tantos lugares, el nombre toponímico de Tres Cantos se pierde en la noche de los tiempos, tal vez cuando algún que otro antepasado cazando y sobreviviendo entre lo que sin duda tendría que ser bosque de encinas y alto monte donde las únicas sendas eran los pasos de animales salvajes, de alguna forma así se denominó. Por alto de las Morales ó por el del Gatuno, pasarían a buen seguro aquellos carpetanos, que dejaron como recuerdo el nombre de nuestra cordillera norteña.
Muy aficionados eran nuestros antepasados fenicios a las explotaciones mineras y la comarca colmenareña disponía en abundancia de ellas. Testigo son las de Navalvillar. En el año 1625 se descubrieron unas importantes minas argentíferas en Manzanares, en un lugar llamado Las Biloneras y también en Los Pollos. Fue también importante la extracción del carbón de piedra y su calidad fue muy buena, hasta el punto que se comparaba, ya en 1771, con el de Inglaterra, así que no es de extrañar que también se fijaran aquellos en el lugar.
También mostraron por nuestras tierras gran atención los visigodos, pues a mitad del primer milenio ya había poblados en las inmediaciones y es más que probable, que en nuestra demarcación, se encuentre alguna de sus necrópolis. Los asentamientos visigodos como el de Navalvillar demuestra que estas tierras fueron holladas por aquel pueblo. También el cifrado, hallado en el pilar de Nuestra Señora de los Remedios, cuyos caracteres se corresponden con el año 595 de la era hispánica ó del César, correspondiendo a la vez con el año 557 de la era de J:C., y cuando reinaba por tanto en España el rey godo Recaredo I, hermano de San Hermenegildo, hijos de Leovigildo, corroboran esta ubicación; en Recaredo recayó la custodia de ciertas poblaciones de esta parte de la Carpetania y según el reverendo padre Fray Enrique Flores en su obra de 1773 “Medallas de las Colonias, municipios y pueblos de España”, se pueden hacer una serie de conjeturas sobre la existencia histórica de Olovasio, pueblo desconocido y situado en la comarca de Colmenar, pues apareció en ella una moneda de Recaredo Rey, poniéndonos en la tesitura de afirmar que Colmenar podía llamarse Olovasio.
Debió ser muy importante este asentamiento visigodo hacia la primera mitad del siglo XII, sufriendo el ataque devastador de los invasores árabes, que trajo como consecuencia en el ámbito religioso de aquellos pobladores el ocultamiento de la imagen de la Virgen en un muro o pared, extramuros de la ciudad, en una ermita llamada de San Bartolomé, situada en un despoblado.
Los godos que pisaron nuestros campos, vivían aislados uno de otros, en cabañas solitarias y espaciadas por el bosque. Eran aficionados a la guerra, a la caza y a la ganadería. Reza que disparaban sus flechas al viento, al estampido del trueno y de esta forma ayudaban a sus dioses. Manejaban grandes rebaños, como excelentes pastores que eran y contribuyeron a marcar las veredas con sus ganados por tierras tricantinas, al moverse desde los asentamientos desde los prados comunales. De esta forma iniciaban la red de cañadas en Castilla, y Tres Cantos contribuía al paso de los ganados con sus cordeles, veredas, coladas y otros caminos menores a la extensa red que en 1273, dio en llamarse el Horado Concejo de la Mesta de los Pastores de Castilla.
Pero antes, en el 711, surge un hecho de gran trascendencia, como consecuencia inmediata de la inestabilidad de los reino visigodos: la invasión de la Península por las hordas musulmanas, que tras derrotar a D. Rodrigo en Guadalete, dominan en poco mas de unas semanas gran parte de Hispania.


Toledo por aquellas fechas era un centro de gran influencia en la península ibérica y hasta allí se dirigían la mayoría de los caminos radiales: Por otro lado los toledanos no estaban muy contentos con los califas, a causa de los impuestos y por ello el emir Mohamed I, fortificó ciertos poblados, contra los de Toledo, entre ellos Madrid (Al Mudaina), y hasta aquí llegarían los caminos al comenzar a ser importante nudo de comunicaciones; por estar asentado sobre el Manzanares se aprovechaba su vega utilizando caminos antiguos hacia el norte y se trazaron otros nuevos.
Tres Cantos pasó a formar parte de los términos comarcales, llamados de la Arabiana; se extendía por toda la serranía; su historia pertenece a Colmenar y por ende a su linaje. En su antiguo escudo de armas figuraban colmenas.
Por aquellos caminos llegaron a Tres Cantos los árabes colmenareños-tricantinos, y aprovecharon las solanas de nuestros pequeños valles para instalar las colmenas más antiguas, fueron expertos cultivadores. Tres Cantos aún conserva vestigios de aquel cultivo ancestral en algunas de sus solanas.

La dominación de los árabes en estos territorios fue de singular trascendencia, pues el cuidado de ellas, colmenas y ganado, en aquellos tiempos abundante, proporcionaron tranquilidad con la producción de miel y leche. Los lugareños, tricantinos en ciernes, supieron de fuente árabe, elegir los sitios más adecuados donde colocar sus colmenas, a mediodía había de ser y a levante también y con una cerca de varios metros de altura, para así poder prevenir a la sensibles abejas, de las para ellas siempre fuertes vientos serranos. Se colocaban en filas y también en escalones de modo que para ellas fuera bien visible la abertura de la colmena y un basamento de piedra las prevenía de la humedad. Proliferaban las abejas, había abundantes encinas y el árabe que esto observó supo sacarle rendimiento. También había tomillo en la comarca, retama y jara. Dentro del colmenar plantaban, y aún se hoy se observa algún almendro, por ser este árbol de flor muy temprana.
Que estuvieron por aquí se demuestra por más de un toponímico, como el de la Moraleja, nombre de un camino y el de un arroyo que atraviesa la comarca. De su presencia, en el término colmenareño, nodriza de Tres Cantos, hay testimonios evidentes: el de Moralejo, donde hoy en día se aprecian algunos enterramientos.
Es de herencia mudejar la gran pasión por los toros, al igual que los moros, hasta no hace tiempo muy lejano, llevaba los toros a lo que con el paso del tiempo sería la gran urbe de Madrid. A rezar iban a Colmenar, a su mezquita, sobre la que se levantó después la gran iglesia cristiana. Lo que hoy es su torre campanario antaño fue minarete.
Fuentes como la del Moro, son su legado y monedas encontradas atestiguan su paso. Sus vocablos dieron nombre a las zonas, que de alguna manera se relacionaban con el agua, es el caso de los Chortales, Bodonal ó Almaján.
Uno de los parajes más hermosos del valle del Manzanares, se avista desde una talaya natural tricantina por occidente, y se otea desde allí un viejo puente de piedra, el de la Marmota, que fue obligado paso de tantas y grandes recuas que atravesaron esta comarca por cañadas y veredas de norte a sur, de oriente a occidente.
Estas tierras tricantinas, dominadas por los sarracenos invasores, traspasaban el umbral del primer milenio. Quizás sirviesen sus tierras de frontera fluctuante entre cristianos y musulmanes. La talaya de San Pedro, debió pasar de mano en mano, dependiendo de la fuerza de las razzias. Colmenar ya era población importante en la época de la Reconquista. Así parece indicarlo una moneda encontrada en 1982, donde aparece grabada una colmena (arma heráldica de Colmenar), y un número romano el VII, en clara referencia a este siglo. Un castillo signo de Castilla. Un número romano “VIII” y una letra “A”, que significa Alfonso VIII rey de Castilla, reconquistador de las poblaciones de Calatrava y Cuenca, que se representan en la moneda por la cruz y el cáliz con su estrellita encima, armas de Cuenca concedidas por aquel monarca. En el reverso el nombre de España, “Hispania”. El signo de León, reino de León. Carro y uina pequeña llave cuyo significado es la reconquista del territorio del llamado cuesta o cerro de San Pedro. La cifra arábiga 459, que se encuentra en la base del león, seguida de la 2I”, que es de diferente impresión, corresponde al 459 de la Égira o Era árabe, que se inicia a partir del 622 d. J.C., así que nos encontramos en el año 1o81, que nos marca con exactitud la reconquista de Colmenar y su territorio, reinado de Alfonso VI, años durante los cuales tuvo lugar también la reconquista de Madrid.
Tres Cantos estaba por tanto bajo el poder del rey de Castilla, Alfonso VIII, y nuestras tierras pasaron de manos árabes a manos cristinas en tiempos de Alfonso VI. Por otro lado esta moneda (de las llamadas foreras) cuyas cifras”1654” (alterando el carácter de la I romana por el i arábigo), ó el “4591” significarían el señalamiento de su fuero, cuya cantidad o canon, sería el pagado por la villa al rey Alfonso VIII, en reconocimiento de su dominio, teniendo en cuenta su fuero.
Alfonso VI, El Bravo, rey de Castilla, a la muerte de su hermano, se proclamó emperador de toda España, y la más gloriosa empresa fue la conquista de Toledo (1085), que se llevó a cabo durante el reinado de Al Cadir. Tuvo esto unas consecuencias inmediatas pues el avance de la frontera hacia el sur, permitió que se llevara a cabo la repoblación de las tierras reconquistadas como las de Colmenar y lo que había de ser el término de Tres Cantos.
No se conocen de esta época restos que pudieran indicarnos poblamientos en la demarcación, pero alguna reseña aparece en crónicas de haber sido levantada una ermita a orillas del Bodonal, próxima a la Moraleja. Quizás esta hipotética ermita tricantina fuera avanzadilla cristina a la que se levantara en el cerro de San Pedro por los monjes agalienses del hoy desaparecido monasterio de San Pedro de Saelices, y que es de presumir lo reconstruyeron en la ladera norte del cerro y no siendo aún localizados sus restos.
A este monasterio se trasladaron, en el año 1007 los monjes del monasterio toledano de Agali (fundado en la segunda mitad del siglo VI), por sufrir una grave inundación por el desbordamiento del Tajo; fue famoso, entre otras causas, por haber sido uno de sus priores San Isidoro de Sevilla.
Los monjes construyeron la ermita románica de San Pedro en la cima del mismo, hoy en día se conservan, a escasos metros de su vértice, su yacimiento. Desde allí se observa una vista magnífica de Tres Cantos.
En Castilla, cuyo territorio se había doblado en los últimos años del siglo XI, los condes aseguraban sus conquistas y las hacían prosperar cubriendo el suelo de monasterios; cada valle tenía el suyo, para sacarlo de la esterilidad y devolverle la vida. Frecuentemente los monjes seguían a los condes repobladores, les ayudaban en sus empresas y en torno al santuario organizaban labores agrícolas de todo género, fe así como la comarca tricantina comenzó a notar la presencia de algunas zonas de cultivo de secano como viñas y cereales.
Esta época necesitó el esfuerzo de todos para la reconstrucción de la sociedad, gravemente alterada por la invasión, y se puede atestiguar que los monjes prodigaron el suyo con generosidad en muchos aspectos tale como el campo o la defensa de las fronteras.
La leña de la zona se transportaba al monasterio en bueyes, en mulo ó en asnos y quizás como la tradición monacal les obligaba a la abstinencia de carne, los monjes hacían un gran consumo de queso y de pesca, siendo muchos los documentos que nos hablan de “picarias y rañales”, y de la exclusiva de pescar dentro de los términos de ciertos ríos, como nuestro Manzanares, que en esa época era abundante en pesca e incluso proliferaba cierta variedad de almeja.
Aparecen los mudéjares, que ocuparon la zona escasamente y gentes llegadas de lugares próximos a Madrid, Alcalá y otros pueblos limítrofes. Los repobladores segovianos aprovecharon la situación geográfica, que les venía muy bien por ser el itinerario habitual por el que se dirigían a Toledo, antigua capital visigoda, las legiones guerreras de conquista.
Durante la expedición de los madrileños a tierras andaluzas, en el año 1247, donde tomaron parte en el cerco a Sevilla, conquistada al año siguiente después de quince meses de asedio, durante el reinado de Fernando III El Santo, rey de Castilla y León, los segovianos aprovecharon la ocasión para ocupar nuestras tierras.
Al enterarse de esta invasión apoyada por Segovia, madrileños y toledanos se opusieron conjuntamente a base de hacha y tea, destruyendo las construcciones que habían levantado y fue tal el cariz que tomaron las cosas, que el rey tuvo que intervenir, por medio de árbitros que finalmente se pronunciaron en favor de Madrid. Continuaron estas divergencias durante el reinado de Alfonso X, por un periodo de casi dos siglos, y más tarde continuaron con los nuevos colonos palentinos bajo el señorío de los Mendoza.
Mucho tuvieron que ver los segovianos, en el laboreo del término de Tres Cantos, y que el Marqués de Santillana, junto a Guadarrma, Guadalix y Porquerizas (hoy Miraflores) dejó como señorío. Como única herencia a su nieto D. Alonso de la Cerda. Juan I hizo merced en 1383, a su mayordomo Pedro González de Mendoza del Real de Manzanares, que confirmó Juan II a sus descendientes a título de Condado, pasando desde entonces, Tres Cantos, como tierras integrantes del mismo, a la poderosa Casa del Infantado.
Durante el transcurso de este periodo histórico, llegarían también repobladores navarros. Navarrosillo, parece que fue un campamento de navarros. De igual modo, el pueblo de Moncalvillo, es una muestra más de la contribución de los aragoneses a la repoblación durante la reconquista de la comarca de Colmenar Viejo.
Así fueron transcurriendo los años venideros, en los que la roturación de nuestras tierras fue cada vez mayor, y donde se apreciaban cultivos del viñedo como en la zona de la cañada de San Jorge, cuando los caminos que cruzaban el término solo se podían recorrer en mula o a pie, y en los que no eran vereda eran utilizados por carros de bueyes, para trasladar la mies a Colmenar.
Antes Colmenar y sus tierras habían sido de realengo, como lo demuestra su incorporación , en 1268 por el rey Alfonso X, como segunda villa al Real de Manzanares.
Algunos de los habitantes, milicianos populares habían tomado parte en las celebres comunidades de Castilla en tiempos del rey Carlos I, así lo atestigua el pendón morado que aún arrinconado y destrozado pervivía por los años iniciales del siglo XX.
Por cédula real del rey Felipe IV, el 2 de agosto de 1645, se concede a la villa de Colmenar nuevos territorios al norte y poniente. La zona tricantina, por aquellas fechas probado es, a la simple inspección de los limites dibujados en el censo del marqués de la Ensenada, que pertenecía a su jurisdicción, como perteneciente al sexmo de San Pedro. Del poderío en gentes, tierras y riquezas pueden explicar cuanto hace referencia a las transformaciones que se han sucedido en los tiempos. Llegando a superar Colmenar al Real De Manzanares y de haber conquistado para si el escudo de las casas de los Mendoza y Lunas.
Dato muy importante es conocer, que Colmenar Viejo no fue nunca villa del Infantado en el sentido material o de pertenencia de su comarca, la realidad es que dependía del Infantado en lo que a jurisdicción civil se refiere, al frente de esta estaban los condes (algo asó como los Gobernadores civiles), como lo fue el Marqués de Santillana D. Iñigo López de Mendoza, primero de los condes del Real de Manzanares, por merced que le concedió el rey D. Juan II, que reinó en los años de 1407 a 1454: Como a este título o dignidad se unió el de Duque del Infantado es por lo que surge el error de apreciación en que a menudo se incurre.
El Infantado se conjetura formado por el rey D. Fernando I, siglo XI, para dar heredamiento a su hijo Alfonso VI. Se llamaban infantados a los heredamientos hechos por los reyes a sus hijos primogénitos, entre los cuales esta este de Castilla, que entre otras villas le pertenecía las entonces importantes de Peñas de San Pedro, Salmerón, Valdeolivas y Alcocer provincia de Guadalajara, y que son precisamente las donadas a D. Iñigo López de Mendoza por Enrique IV, en los que obtuvo señorío y de donde parte el tronco de los Duques del Infantado, siendo el primero de ellos el de su hijo Diego Hurtado de Mendoza, a excepción de Peñas de San Pedro, en cuyo tiempo no se hace ya mención.
De este Infantado, que vino a ser capital Guadalajara, tuvo señorío la infanta Dª Berenguela, hija de Alfonso X y de la reina Dª Violante. Pues bien esta D. Berenguela, cedió el señorío que tenía de Guadalajara y sus villas del Infantado al convento de Santo Domingo de Madrid, demostrando con ello, que Colmenar no pertenecía a dicho Infantado como villa propiamente aneja al citado señorío donado, pues en caso contrario tendría que haber antecedentes del particular. Además el emperador Alfonso VII dueño ya de Madrid, confirmó en 1 de mayo de 1125, el privilegio por el que se daba a Colmenar la posesión de los montes y sierras que hay en Madrid y Segovia, “desde el puerto de Berrueco hasta el de Lozoya”, privilegio que confirmó Alfonso VIII. Deduciéndose con toda evidencia que las villas propiamente del Infantado estaban en la parte de Guadalajara y en el contorno de Manzanares el Real, entendiéndose este desde el puerto de Berrueco hasta el Lozoya.
A mayor abundancia de razones, hubiera sido un contrasentido la protección concedida a Colmenar por su padre Alfonso X como dominios suyos, independientes de las villas del señorío de su hija la infanta, por más que hizo su incorporación al Condado de Manzanares, cuyo sentido ya se ha explicado.
Tres Cantos debió formar parte de laguna de las dehesas, que en el siglo XVIII figuraban en la Dirección General de Rentas que el Marqués de la Ensenada, que por mandato de S.M ordenó efectuar del Concejo de Colmenar Viejo en 1751. Los oficiales y peritos inscribieron en este registro los límites del mismo, que por estas fechas lo administraba la duquesa del Infantado, “por el sur delimitaba con el término de los sitios reales de El Pardo y Viñuelas”
Colmenar Viejo, pagaba por la conservación de los caminos, mil reales de vellón cuando S. M. venía de caza por los parajes del Manzanares y también pagaba 200 reales de cuota por la conducción de víveres al Real sitio del Escorial, cuando le rey hacía la jornada. Aunque el camino que atravesaba por Tres Cantos no dejaba de ser un cordel o vereda principalmente para el paso de ganado, ell año 1773 el geógrafo de los dominios del rey hacía figurar en su plano los caminos reales que pasaban por Colmenar; pronto resultaron incómodos e insuficientes sus firmes; no resultaban los más óptimos para llegar a los sitios reales a su paso por la comarca, desde la capital del reino. Empezaban a realizarse los trabajos más serios en cuanto a su conservación, y se construyeron puentes de piedra para llegar a Colmenar por la cañada de Tres Cantos.
Por ella pasaba la carrera del postas, camino de Colmenar y Chozas hasta el real sitio de San Ildefonso. En Tres Cantos se encontraba una parada de relevo de caballerías, que se estableció a finales del siglo XVIII o principios del XIX, pues el plano, que demuestra la Ruta de Postas en 1790, señala la ruta Fuencarral, Valverde, Colmenar Viejo, y a este respecto, en la Guía de Caminos de Osuna, de la época que se trata, se dice que el camino más corto para el real sitio de San Ildefonso, si no lo cubre la nieve, pasa por Fuencarral, Colmenar Viejo y Chozas; puntos de paso de la carretera en que el convento de Valverde, Torre de la Parada (el Pardo), y Colmenar Viejo eran las estafetas más inmediatas a nuestro relevo de Postas de Tres Cantos. En esta misma guía se especifica también, que hay otro camino que va por el Pardo a Colmenar Viejo, y que en la actualidad esta cubierto por las aguas del embalse de el Pardo; uno de sus tramos pasaba por el término de Tres Cantos, por la parte occidental.
En 1827, el rey se declaró protector, otorgando el uso del escudo de armas reales a la Compañía de las Reales Diligencias. En 1847, se unieron las sociedades de trasporte y las Diligencias Generales de España, pasaron a denominarse Diligencias de Postas Generales, a la que pertenecía la Compañía “La Mala “, que hacía la línea Madrid – Manzanares el Real- Colmenar- Colmenar Viejo y descrita en el “Descriptivo Militar de España 1866”.
Las poblaciones de los pueblos de la sierra norte de Madrid, se fueron incrementando e los umbrales del siglo XIX, y las comunicaciones y los transportes iban tomando una nueva dimensión.
Los carros de transporte cruzaban Tres Cantos en repetidas ocasiones desde Colmenar a Madrid, despareciendo definitivamente con la llegada del tren. Se empezaba a gestar la idea de establecer una línea de tranvía que siguiera la carretera Cuatro Caminos Fuencarral Colmenar, pasando por Viñuelas el Goloso y Tres Cantos, constituyéndose la Sociedad Anónima de Tranvía a vapor de Madrid a Colmenar Viejo y ramal a Chamartín de la Rosa, corría el año 1895. No prosperó y tomó el relevo del proyecto D. Arturo Soria, y la Compañía Madrileña de Urbanización sería la adjudicataria del proyecto, aunque desechando el tranvía y tomando la alternativa del ferrocarril.
En 1908 ya estaba replanteada la vía que por el Término de Tres Cantos llegaba a Colmenar, y los carriles estaban colocándose al mismo tiempo que se desmontaban unos 150 m3 de piedra, se decía que para septiembre podría llegar la locomotora a Tres Cantos. Las dependencias de la Casa de Postas de Tres Cantos iba a interpretar su último papel en la historia de la ciudad, pues el dueño de la misma no admitía que la vía pasase por el lugar, ya que naturalmente temía por los interese que le proporcionaba el relevo de caballos.
Salvadas las dificultades, el día 23 de junio de 1911, pasaba por vez primera en su viaje inaugural, “La Maquinilla”, ferrocarril de vía estrecha, por el apeadero de Tres Cantos. Los del lugar llamaban a este ferrocarril, el de la piedra o tren de la leche. Con la piedra de Colmenar se edifican los edificios más antiguos de nuestra ciudad, como el apeadero de Tres Cantos o la casa del Barrancón del canal de Isabel II. Costaba llegar hasta el apeadero algo menos de dos pesetas para los que viajaban en primera y aproximadamente una peseta para los de segunda: desde Fuencarral 1,50 en primera y 1,15 en segunda, y se podían transportar bultos sin derecho a recargo siempre que no excedieran de 20 Kgs.
A finales de los cincuenta, cuando hasta Tres Cantos llegaba mucho personal, para trabajar en los “estudios Verona”, donde se rodó la famosa “Tristana” a las órdenes del gran director de cine español Luis Buñuel, la maquinilla estaba viviendo sus últimos momentos.
En las postrimerías del siglo XIX, S. M. el rey Alfonso XIII, pasaría por Tres Cantos en su vehículo a motor, con motivo de la inauguración de la presa de Santillana. Los lugareños, tomarían más tarde su ejemplo y vehículos a motor levantarían el polvo a su paso de el camino carretera. Las agencias de viajeros empiezan a tomar conciencia del auge que toma este medio de transporte y establecen la primera línea de autobuses.
Al finalizar la guerra del 36-39, se consolidación de los firmes y el trazado de la carretera y desaparece la Casa de los camineros de Tres Cantos, ubicada en lo que hoy se conoce por nudo norte.
Vuelve Tres Cantos a estar en el pensamiento de los ingenieros, que antes como ahora, proyectan la unión del ferrocarril de Burgos con la capital del Estado. Comenzaron los trabajos que se habían ralentizado durante la Segunda República, y se habían parado durante la guerra civil, hasta que después de muchas vicisitudes se puso en funcionamiento la línea en el año 1968, pasando en su viaje inaugural por el apeadero de Tres Cantos hacia Colmenar donde se celebró un solemne acto. El edificio apeadero fue construido en el año 1932, como así lo atestiguan la relación de material inventariable, que se conserva en los archivos de la nueva estación.
Mientras todo esto sucede, los comarqueños tricantinos continuaban sus quehaceres; abundaban las granjas, había extensos viñedos, se recolectaban cereales y se seguían cultivando las colmenas. La mies transportadas hasta Colmenar en carretas, cruzaban las vía del ferrocarril con peligro.
En la Vega del Registrador yacen los restos de la única ermita conocida del término de Tres Cantos, su fachada a base de cuidados sillares de piedra de Colmenar se encuentra caída sobre el terreno, y mucho me temo, que si no se rescata para decorar una de las innumerables plazas vacía del Municipio, termine desapareciendo como han desaparecido pretiles, comederos y cruces de piedra, que se encontraban en el término. Había también bodegas firmadas por Artecha,con enormes tinajas que albergaban muy ricos caldos y que eran apreciados por su buena caldos en Madrid y Colmenar.
El flujo de coches por la ya caduca carretera comarcal c-607, es demasiado importante, acometiéndose el desdoblamiento en dos direcciones. El movimiento de tierras se traga a nuestro viejo relevo de postas, que convertido en vaquería en los últimos tiempos, proporcionará la leche a la finca de “Las Jarrillas” para completar la dieta del príncipe Juan Carlos.
Madrid, con su alta tasa de población, exigía la aparición de una ciudad de nueva planta, paso hacia adelante en la entrada del nuevo siglo, ejemplo de complejo urbano integrado, que con la incorporación de la actividad productiva, la habrían de convertir en una ciudad impulsora de la economía nacional. En ella había de encontrar suficiente espacio las empresas, con una buena comunicación, en un polígono creado a tal efecto, con la aparición de parques de actividad y empresariales, donde se había de producir una yuxtaposición de industrias no contaminantes con centros comerciales, áreas deportivas y de esparcimiento.
Tres Cantos, nombre dado en el año 1971 al proyecto de una nueva ciudad, atraída por la idoneidad de la comarca, impulsada desde los poderes públicos y capaz de albergar 36000 nuevas viviendas, más las industrias y los equipamientos necesarios, de forma que se garantizara un objetivo de autosuficiencia, equilibrio y alta calidad de vida. Entraron en juego las máquinas a mediados de los sesenta, una vez resueltos los trámites de expropiaciones e iniciados los trabajos por parte de la Administración Central, creándose posteriormente, una sociedad específica para su desarrollo: Tres Cantos S.A. La zona que había servido, hasta este momento como pastos, donde se ubicaron eras y los bandos de cigüeñas buscaban apaciblemente su alimento, iba a desaparecer con las explanaciones que se realizaron.
Pasó una década de trabajos de infraestructuras; a penas se habían construido 4000 vivienda, los grandes depósitos de agua en lo que había de ser el parque central, los dos elevados que junto a a algunas industrias y los pocos equipamientos contribuyó al cambio del paisaje.
Un nuevo impulso procede con el denominado Actur de Tres Cantos, ocupando una superficie de 1691 hectáreas y situada a ambos lados de la autovía Madrid Colmenar y del ferrocarril Madrid Burgos, a una distancia de 22 kilómetros de la capital del Estado, fijándose la mayor parte de la superficie dentro del término del municipio de Colmenar, el resto del Monte de Viñuelas, perteneciente al municipio madrileño.
Se inicia de esta forma una obra gigantesca, que en ese tiempo va a ser la obra humana más importante, fuera de las ciudades españolas y que se podía observar desde satélites artificiales. Surge entonces la preeminencia otorgada en el Plan General de Madrid a la vivienda en altura, produciendo un desplazamiento en la demanda de vivienda unifamiliar, a los municipios periféricos, especialmente a Tres Cantos.
Cuando se decide colocar la nueva factoría de ATT. Acompañada de la declaración de ZUR, provoca una reactivación intensiva del sector industrial de nuevas tecnologías, mediante la promoción, por la Comunidad de Madrid, de un Polígono de Tecnologías avanzadas.
Se plantean algunas cuestiones derivadas de la marcha de las obras y de las características de urbanización, como el impacto sobre el medio ambiente, lo inadecuado de las edificaciones, exceso de ofertas en situación de crisis, por lo que se entra en una nueva fase, en la revisión del planteamiento de “Actur Tres Cantos”, rediseñando la ciudad, haciendo distintas consideraciones, como eran los criterios de respeto y conservación del medio físico, emanadas de iniciativas ad hoc, como la ley del Monte del Pardo.
En septiembre de 1983, la Dirección General de Ordenación del territorio del Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, emitió un informe sobre Tres Cantos; se fijaron las bases de partida para la revisión de la ciudad, que entre otros aspectos se acordaron las conexiones de transporte, como el de la Universidad Autónoma y la protección del medio físico.
La ciudad va adquiriendo la fisonomía armoniosa de las distintas formas urbanísticas. Su cinturón industrial sufrió modificaciones al salir a la luz nuevos sectores industriales, como el electrónico, aproximándose a lo que se puede calificar como centros de investigación u oficinas, que llevaron a un gran consumo de suelo, siguiendo una estrategia, que se verá favorecida por la gran dotación de espacios disponibles.
El Centro Espacial de Metrología, fue inaugurado por SS. MM. Los reyes de España, el 22 de mayo de 1989, convirtiéndose en un organismo autónomo de carácter comercial e industrial fundamental, dentro del contexto del Mercado Único Europeo.
Ven la luz nuevos servicios como el Centro de la Salud, cuya inauguración tuvo lugar el 3 de junio
de 1990, con la asistencia del presidente de la Comunidad Autónoma. El Hogar del pensionista para el ocio de mayores; Policía Municipal y la Guardia Civil. La casa de la Juventud, parques deportivos como Embajadores, Foresta ó Islas, que hoy disfrutan al cien por cien nuestros jóvenes deportistas.
Un domingo, 20 de octubre de 1991, el tren de cercanías C-012, hacía su entrada oficial, en la nueva estación de Tres Cantos, entre los pasajeros llegaban en él el ministro Borrell, la presidenta de RENFE Mercé Sala, el presidente de la comunidad de Madrid D. Joaquín Leguina, nuestro querido alcalde D. Antonio Osuna y el autor del proyecto de la nueva estación tricantina Sr. Casariego.
Tres Cantos, ciudad construida y diseñada con visión de futuro, en ubicación privilegiada, posee una extensa red de viales, de amplias avenidas y bulevares, donde la vegetación ocupa un lugar preferente. Grandes yu amplios paseos centrales, permiten a los tricantinos dar rienda suelta a su imaginación, paseando por la balaustrada del parque central, donde abundan los miradores con vistas al mismo; desde lo alto del parterre se divisa la laguna artificial, lugar apto para la pesca, el deporte acuático ó el movimiento del agua rizada por el viento serrano. Agua de circuito cerrado, que durante la noche se bombea a su cabecera. Más allá , en lontananza la colonia de Soto Viñuelas colonia pretricantina integrada en el municipio.
Las calles u bulevares se entrecruzan en amplas plazas circulares, en espera de motivos ornamentales que a buen seguro saldrá de nuevos artistas de Tres Cantos. Ya en algunas el prestigiosos artista dejó su impronta con esculturas de hierro, mencionando la de la avenida de Colmenar Viejo o la de la avenida de Viñuelas. El nombre de personalidades vinculadas a esta ciudad, dan nombre a alguna de ellas, la de Antonio Gala fue inaugurada el 12 de noviembre de 1988. La del sector Músicos se inauguró el primero de julio del mismo año, con el nombre de Maestro Rodrigo. El nombre de Antonio López, pintor madrileño da personalidad propia a la existente en el parque del sector Pintores e inaugurada el 30 de junio de 1990. El escultor Eduardo Chillida, lleva impreso el nombre en otra. María del Carmen García Mena, fue la primera cartera de Tres cantos y la Plaza cartero Real perpetúa su recuerdo. En el interior del Parque Tecnológico Madrileño, calles con nombres propios surcan su trazado, dejándose ver los de Severo Ochoa, Newton ó Marconi.
En esta ciudad modelo de desarrollo industrial científico y tecnológico, planificada para mejorar la calidad de vida del ciudadano, así como el compaginar el puesto de trabajo, dispone de servicios fundamentales como el parque de bomberos, Institutos de Enseñanzas Básicas y Media. El 13 de abril de 1991, en el sector Planetas se inaugura el nuevo Centro Cultural Enrique Más, allí se encontraba el maestro Rodrigo, un ciudadano de honor.
En 1988, Matías Prats, en su pregón de fiestas, cuando pidió ser vocero de la nueva ciudad , ya auguraba gloriosos pasos y daba buenos consejos a los nuevos ciudadanos, ente otras cosas decía: no dejar que esta ciudad sea satélite ni dormitorio, y en otro pasaje de su elocución se expresó diciendo “de Madrid al cielo sí, pero pasando por Tres Cantos”
Como municipio independiente comenzó su andadura el 21 de mayo de 1991, disgregándose de Colmenar Viejo.
Con el último saludo a nuestro primer alcalde, en la provisional alcaldía y en la iglesia parroquial de santa Teresa, de diseño modernista obra del arquitecto Perea, todos los presentes recordaban su inquietud e ilusión por su ciudad. Su última voluntad fue esparcir sus cenizas por los aires de Tres Cantos en su postre refugio del parque central. Eran aún pocos los vecinos y por una razón o por otra la noticias llegaban de boca en boca con precisa puntualidad, por ello la muerte de Israel G. Rabanal, de los deportistas pioneros, en los escarpes de Patones,. Cayó como un jarro de agua fría.
La ciudad a partir de aquí va tomando nuevo auge, y va tomando cuerpo aquella frase de D. Antonio Osuna: “Nuestra ciudad son Tres Cantos y cuatro fases de la luna”. Su poesía lo dice todo: la hicimos con nuestro esfuerzo
sin fosos ni torreones
sin esclavos y sin dueños.
...............................
elevemos nuestras manos
y cantemos nuestra aurora
la aurora de una ciudad
construida hora a hora
día a día, paz a paz.

La bandera de Tres Cantos tricolor tiene una banda morada que alude a Colmenar Viejo, a sus orígenes castellanos y en general a su pasado histórico. La banda central es blanca y simboliza el futuro de esta joven ciudad y sobre ella el escudo: dos encinas, en su color sobre tres cantos, que representan a los tres montes colindantes, el de San Pedro, el del Pardo y el de Viñuelas, rodeados por una bordura de gules sable con siete estrellas de plata y cinco puntas y por timbre una corona real. Por último una banda en gules relaciona el presente de esta ciudad en el marco de la Comunidad de Madrid. Fue diseñada por el vecino de la localidad Antonio Rueda.
fue izada por primera vez, ante la atenta mirada de la mujer más anciana del Municipio número 179 de la Comunidad de Madrid, Doña Jacoba González y de la primera niña nacida en el mismo Lorena García tras la segregación, corría el año 1994.
Y es verdad, Osuna, solo hay un camino, aquél en que España se hace soñando.

FIN



BIBLIOGRAFÍA
PÉREZ SOTO, Antonio.- Itinerario Carrera de Postas. GM 249 m. B.N. Madrid.
PÉREZ SOTO, Antonio.- Itinerario. GM 250, 1761. B.N. Madrid.
B. OSUNA.- Itinerario Guía de Caminos. G.M 117m B.N. Madrid.
MADOZ, Pascual.- Correos Madrid. 1849 G.M 11/3/17 B.N. Madrid.
B.NACIONAL.- Itinerario de las casas de posta de dentro y fuera del reino de 1741. Madrid.
LÓPEZ FABRA, Francisco.- Carta de correos y posta de Madrid. 1857.archivo planos Servicio Geográfico del Ejército.
SERVICIO GEOGRÁFICO DEL EJÉRCITO.- Plano que demuestra las rutas provisionales de posta, que desde los sitios reales giran a las carreteras general. 1790.
COELLO, Francisco.- Plano de Madrid 1853. B.N. Madrid.
MARTÍNEZ MATILLA, María.- El correo en la España de los Austrias. B. Madrid.
MARÍN ROLLO.- Caminos, postas y correos. B. N. Madrid.
MUSEO POSTAL.- Administración principal de Correos de Madrid a Valladolid, Soria y Toledo. 1790. Madrid.
ESPINALT Y GARCÍA, Bernardo.- Diccionario General de cartas 1775. Museo Postal .Madrid.
PNTÓN, Pedro.- Guía de Caminos. B. N. Madrid.
GUÍA de Caminos de España y Portugal. B. N. Madrid.
GUÍA de caminos de Madrid a las ciudades limítrofes. B.N. Madrid.
GUÍA de caminos. GM.34 B.N. Madrid.
GUÍA de Postas a los Sitios Reales. Diligencia y conducción de Equipajes, B. N. Madrid.
DICCIONARIO Geográfico Postal de España 1844. Museo Postal. Madrid.
COLMENAR VIEJO en la antigüedad. Perfíles históricos 1902. Biblioteca M. de Colmenar.
CRIADO Y MANZANO, Eusebio.- Monografía geográfica de Colmenar Viejo. Biblioteca Municipal de Colmenar Viejo.
MÉNDEZ, Ricardo y MOLINERO, Fernando.- Espacio y sociedades. Ariel geográfica.
REVISTAS. NUEVO TRES CANTOS.
MANGADA, Eduardo.- Tres cantos, en busca de la tierra perdida.
TRES CANTOS.- Guía descriptiva 1991. B.P Editores. Comunidad de Madrid.
PRENSA NACIONAL.- Diversos artículos ABC, Paloma Nolasco, El Mundo. etc) y prensa local.
ANUARIO CATÓLICO ESPAÑOL. Tomo III. 1954.

Saturday, November 11, 2006



UN GRITO EN EL MAR


QUEBRADO EL SUEÑO ESPERANZADO
ARAÑANDO LA PLAYA ASOLADA
ROMPE AHORA CON FURIA APENADA
SU ILUSIÓN EN CORAZÓN CANSADO

BRINCANDO JOVIAL SUS AGUAS, DANZANDO
AVANZA FELIZ POR LA TRAZA SOÑADA
CON OTRAS VA ALEGRE, ILUSA, ENGAÑADA
A VER SU META LA PLAYA, OTEADA

VIVE BAILANDO EL LOMO LA OLA
PREGONANDO SU RESPLANDOR, BRILLANTE
VIVE BAILANDO LA OLA SU COLA

VIVE BAILANDO EL LOMO LA OLA
CON TRASPARENCIAS AZULES POR SEMBLANTE
VIVE BAILANDOLA OLA SU COLA

¡MALAYA¡ BAJÍO DE ARENAL PERDIDO
PIEDRAS EN SU SENDA ANHELADA
CAE Y ROMPE LA OLA ATURDIDA
Y VA HERIDA CON SU SUEÑO IDO

LLEGANDO VA EN COLLAR DE ESPUMA
FRENADA POR CLAMOR DE GUIJARROS
LASTRE DE TORTUOSO CAMINO
DE LA VIDA QUE LE DIO LA LUNA

MUERTA LA OLA DILUIDA ESCONDE
TARAS Y VERGÜENZAS DE OTRAS OLAS
DOMINANTAS CORSARIAS DE SUTIL LANCE

MUERE PERDIDA EN EL MAR LA OLA
DEJANDO EL GRITO ATRAS DESGARRADOR
MUERE INDEFENSA LA OLA.

ASTURQUÍN

Friday, November 10, 2006

UN CUENTO PARA MI NIETO
Oscarín y las botas maravillosas
por Asturquín
Un viejo zapatero, en su pequeño taller, quiso realizar su obra maestra, aquella que tanto tiempo había albergado en su corazón, soñando que algún día, se hiciese realidad.
Pensó en un par de botas deportivas, hechas con tanto amor, que el niño que las calzara, y cuidara, viera a cambio colmadas todas sus ilusiones.
Y, con estos buenos deseos puso manos a la obra; primero fue su diseño, después su elaboración. Puntada tras puntada, y en cada una de ellas, poniendo un pensamiento, tardó mucho tiempo, hasta que fueron terminadas. Decía, esta, por un niño cariñoso; esta, por un niño bondadoso, esta por uno no envidioso y, ésta otra por un niño dadivoso.
Por fin, un día, miraba orgulloso su obra maestra, sus botas maravillosas. Formuló su último deseo: que fuesen, aquellas botas hermosas, a manos de un niño con ilusión, a un niño como tú.
Vivía, el viejo zapatero, en una ciudad, donde siempre fue muy trabajador, honrado, leal, amigo de sus amigos y, muy buen compañero. Era rico puesto que era feliz, decidiendo llevar sus botas maravillosas, a los grandes almacenes, donde uno de sus amigos dirigía un departamento, exponiéndole su deseo.
- Quisiera, le dijo, que este par de botas estuviesen expuestas en un lugar destacado, para que las vieran todos los niños. Me gustaría que las comprara un niño que lo fuera para siempre jamás.
Dicho y hecho, inmediatamente aquel amigo, dejó las botas colocadas en un estante acristalado, siendo a partir de entonces, la envidia de sus compañeros, los zapatos, botas, zapatillas de deportes y toda la demás familia de calzados. Las botas se sentían admiradas, con orgullo exhibían su diseño y se preguntaban cuando encontrarían al niño, que fuera merecedor de contar con la ayuda que, para él, deseaba el viejo zapatero.
!Ay!. Un niño caprichoso, se fijo en ellas, llevaba puestas otras muy nuevas, pero, se empeñó en comprar las botas maravillosas.
Dijo su mamá: No ves, hijo, las que llevas aún estan nuevas.
-!Qué las compres! !Qué las compres! Se empeñaba el niño caprichoso, rabieta tras rabieta.
Tanto se empecinó, que finalmente, accediendo a los deseos de aquel niño caprichoso, terminó por comprarle las preciosas botas.
-Espero, dijo la mamá, que las utilices durante mucho tiempo, y le saques provecho.
En realidad sólo le interesaba apariencia, por lo preciosas que eran, estaba seguro que iba a presumir con ellas aquella misma tarde ante sus amigos de juegos, pues no podía haber otras tan hermosas. Lo de menos es que fuesen hechas a medida, con un diseño original, cómodas para el deporte, capaces de satisfacer las ilusiones que, desde luego, aquel niño no alcanzaba a comprender.
- !Caramba!. Que oscuro está esto, dijo una bota a la otra.
- No te preocupes, estamos dentro de una caja de cartón. Nos acaba de comprar un niño. Cuando veamos de nuevo la luz, estaremos andando por las calles de su ciudad.
- !Qué botas!. ¿ A donde las has comprado?. Comentaban admirados en el cole, los amigos.El niño, presumía y agradecíamos la admiración. Al cuarto día, se cansó ya de nosotras, cuando llegamos a casa, nos descalzó y nos tiró entre otro zapatos, en la parte inferior del armario. Nos dejó en la oscuridad.
Pasaron días y días olvidadas medio sucias, en aquella habitación. Abandonadas de aquel niño. No nos calzaba nadie. Inutiles nos preguntabamos: - ¿Para qué, el esfuerzo de nuestro viejo zapetero?.
Pasaron los meses...
- !Estoy harta!. Dijo la mamá, entrando en la habitación.
Recogeré todos estos zapatos, que no quieres, le dijo a su hijo, y los dejaré en el contenedor de la ropa usada, estoy segura, que alguien las utilizará y servirán para algo mas que para estar de estorbo. Unidas por los cordones, y metidas en una bolsa de plástico, las depositó en el contenedor, que se encontraba a escasos metros, del portal de su casa. Días después, considerando el estado de suciedad que se encontraban, fueron tiradas a la basura.
Entre mondas de patatas, cáscaras de naranja y demás derperdicios, se lamentaban.
- Que triste suerte la nuestra, no hemos consegudo dar con el niño, que entendiese nuestro destino.
- No te preocupes, mientras estemos juntas, tal vez lo encontremos. No puede ser este nuestro final, siendo hechas con tanto amor. Envueltas entre las basuras, sentían el ruido del motor del camión, que las transportaba desde hacía varias horas.
Se vieron dando vueltas, en el interior de la bolsa de plástico, ladera abajo, no dejaban de rodar, el camión basculante había deslizado su carga, desplazándola hacia el mar. Tanto rodaron que, finalmente se vieron envueltas por una fría humedad y, poco después, remojadas y empapadas, hasta quedar balanceándose en el fondo del agua.
Las corrientes marinas las llevaron lejos, muy lejos, cada vez a más profundidad. Y pasaron muchos meses.....
Cierto día, quedaron encalladas bajo el agua, entre unas rocas, ya no quedaba resto del plástico que en principio las acompañó. Pasaron muchos años varadas, las algas las recubrieron y medio enterradas en la arena, permanecieron por mucho tiempo.
Años mas tarde, unas corrientes muy fuertes, hicieron que todo el fondo del mar se removiera; arenas, rocas, algas, peces, fueron lanzados de sus lugares, hacia otros fondos. Las botas maravillosas, se vieron envueltas en aquel maremagnum y, como en otras ocasiones, balanceándose, ahora, al capricho de las nuevas y suaves corrientes de fondo, sobre arenas, donde los grandes cetáceos, buscaban afanosamente la comida, y....una gran ballena, las tragó.
En el vientre de la ballena permanercieron a oscuras, durante mas de un año. Pero...no acabaría aquí su periplo, aún aguardaban nuevos episodios. Se preguntaban, como aún del tiempo trancurrido y las circunstancias, permanecían juntas; eso sí, se sentían mas pesadas, tal vez por encontrarse llenas de arena. No cabe duda que la magia, del viejo zapatero, estaba con ellas. Tal vez, aquí estuviese el misterio.
La ballena nadaba líbre, por mares frecuentados por cazadores furtivos, ansiosos de capturarla. De vez en cuando, subía a la superficie, para respirar y tomar aire. Los grandes chorros que despedía el gran cachalote, fueron divisados por uno de aquellos furtivos, cazadores de ballenas. Las botas maravillosas, sintieron una sacudida a su alrededor, hacía tiempo que viajaban en aquella oscuridad, apanas sin experimentar sensación alguna. Un arponero incrustó su arpón en el enorme cuerpo del mamífero marino. Aquel gigante de la naturaleza, quedó muerto, lo izaron a cubierta por la popa, arrastrado mediante cadenas, y el buque, con su presa, navegó durante algunos días, hasta llegar a su puerto, donde los balleneros comenzaron a despiezarlo. De su estómago sacaron las botas, y de ahí a la basura.
Otra vez, se veían entre medio de las mondas.
- ¿Cuándo acabará todo esto?. Se preguntaban. Algún día encontraremos al niño que nos necesite, dijo una.
- Si, pero, no se como le vamos a servir, en el estado tan lamentable que nos encontramos, dijo la otra.
En una de aquellas grandes ciudades, había gente muy pobre, en los suburbios. Vivían en chabolas, hechas de latas y de materiales muy pobres, las calles eran barrizales, no tenían ventanas y no tenían aseos como los que tienes tú. Tenían que desplazarse lejos, para traer el agua, de las pocas fuentes que había. La comida escaseaba y, tampoco los niños iban a la escuela.
Aquellos niños eran muy valientes, ayudaban a sus papás, todos los días, a salir adelante y para que, al menos, sus hermanitos, tuvieran algo que llevarse a la boca. Todos los días muy temprano, Oscarín, que apenas tenía seis años, se despedía de su mamá. Después de darla un beso, cogía un gran saco muy sucio y, un pincho que él mismo se había fabricado y camino del gran basurero de la gran ciudad, iba cantanto y jugando con sus amigos de infortunio.
Como ya habreis imaginado, Oscarín era un niño muy bueno, no era egoista, todo lo que podía valer para ayudar a su familia, le parecía insuficiente. Le hubiese gustado ir al cole, como a todo los niños, pero no podía. Tenía muchos sueños, muchas ilusiones, y no sabía como hacerlos realidad. Era consciente de que la forma de vida que llevaba, no era la más idónea, cómo para que algun día se realizasen, pero su fe era muy grande. No dejaba de soñar; tendría una casa bonita, una bicicleta, muy buenos zapatos y podría ir al cole, dejando aquella vida discriminada.
Andaba siempre con un montón de greñas, las uñas sucias, la piel cuarteada por el sol; las piernas, no sabía si eran morenas o, producto de otras cosas. Como todos sus amigos, olía muy mal, sin embargo, su interior, relucía igual que el sol.
¿Sabéis donde trabajaban?. En aquel gran basurero, a donde iban a parar todas aquellas cosas, que son inservibles. Esperaban impacientes los primeros camiones, disponiéndose a recoger lo que consideraban más apropiado. Sus pinchos rompían bolsas de plástico, cogian botes vacíos, latas de todo tipo, hierros oxidados, hilos de cobre, y también las frutas que sobraban de las tiendas. Se afanaban en llenar, de esta manera, sus sacos.
Oscarín, a pesar de su corta edad, era muy fuerte, figúraros, que su saco llegaba a pesar, cuando estaba lleno, más de treinta kilos. Lo cargaba a los hombros y balanceándose para no perder el equilibrio, lo llevaba muchos kilómetros mas allá, hasta llegar al chatarrero, donde, a cambio, le daban algunos centavos.
Y, de vuelta, a empezar. Así se ganaba la vida, para él y para sus hermanitos. Cuando por las tardes llegaba a casa, lo único que le apetecía era dormir, y sumergirse en sus sueños.
Una de aquellas mañanas, su pincho, enganchó un cordón, tiró de él, le costó extraer aquellas botas tan sucias, un nuevo tirón y las tuvo en sus manos. Pesaban mucho, se fijó que estaban llenas de arena, rapidamente, las echó dentro del saco, no podía perder tiempo en vaciarlas, tenía demasiado prisa por llenarlo. Cuando llegó a casa, por la tarde, en su saco llevaba las botas y la fruta que había conseguido recoger.
Su mamá le preguntó: - ¿Y, estas botas?. ¿Para que las coges?. ¿No ves que estan muy estropeadas?.
Oscarín, observador, respondió:- No pude resistir la curiosidad. Me fijé que las suelas estaban completamente nuevas, como si nadie las hubiese utilizado.
Al mismo tiempo, comenzó a sacar el barro y la arena, que tenían en su interior.
- Pero ¿Qué es esto?. Su mano, había tropezado con algo duro, pegado en la parte interior. Era una especie de concha. En realidad era una gran ostra. La arrancó y después otra y otra; así de la misma bota hasta cuatro.
Cogió precipitadamente la otra bota y, sucedió lo mismo. Cuatro grandes ostras, estaban pegada en el interior. Su mamá le dijo que las abriera. Había oido que en algunas se criaban perlas, y que valían mucho dinero.
Con gran ilusión, Oscarín comenzó a abrir la primera.
!Sorpresa!. Ante sus ojos apareció una brillante perla blanca, tan grande como una avellana. Se quedaron mirándo en silencio, atónitos, no podían creer lo que estaban viendo.
Con gran excitación, junto a su mamá y su papá, fueron abriendo, una a una, las restantes y de cada una de ellas, extrajeron una perla tan grande como la primera. Reunieron ocho perlas. Una verdadera fortuna. De pronto las botas maravillosas habían cambiado totalmente, estaban nuevas, relucientes, como si aquella misma tarde, hubieran salido del taller. Sin dudarlo un sólo instante, Oscarín las desató y se las puso, le sentaban también, que incluso parecía que tenía los calcetines puestos.
Al fin, habían conseguido llegar a su destino. Y se cumplió el sueño del viejo zapatero. Aquel niño, con la fortuna de las perlas, y su esfuerzo personal, hizo feliz a toda su família.
- ¿Sabéis que fue de aquel niño de corazón noble?.
Entre otras cosas, Oscar, tiene una fábrica de botas deportivas, donde trabajan muchos niños que como él lo hicieron en el maloliente basurero.
¿Sabéis donde estan las botas maravillosas?. En una estantería acristalada, de sus grandes almacenes, esperando, que tú las vayas a comprar.
FIN


LA CASA DE HIPPOLYTUS
Escrito de Asturquín
Procurar dar lo mejor a los hijos, la mejor educación, prepararlos para desenvolverse en la sociedad en la que les toca vivir, sacrificando incluso el propio bienestar, es la labor más encomiable de todos los tiempos. Unos lo hacen con mas comodidad, consecuencia de su mayor nivel económico, otros retrayéndose, pero en todos, está latente el hecho de que su desarrollo hacia la mayoría de edad, se realice bajo perspectivas de una sana moralidad, acrisolada en ambientes de compañerismo, respeto y todos aquellos valores trascendentales, que son la base para la buena economía de una sociedad.
Eso lo sabían muy bien los romanos, mientras estos principios, estuvieran presentes en la enseñanza de los jóvenes, aquellos tenían la certeza, de que su sociedad no se desmoronaría, y por ende, el Imperio seguiría fuerte. Por suerte o por desgracia, aquellas enseñanzas se fueron relajando y se fueron dejando en segundo lugar, entrando en una dinámica de corrupción, en todos los estamentos de aquella sociedad y la caída del Imperio fue estrepitosa.
Cuando visité la casa de Hippolytus, pensaba todas aquellas cosas, observando sus ruinas. En aquel enclave de la civitas Complutum, hoy Alcalá de Henares, Hippolitus construyó un Colegio, donde se pudieran preparar los jóvenes complutenses, de aquel siglo primero d. C. Debía de ser, indudablemente, un colegio que exigiría ciertos sacrificios para mas de un pater familiae, tal como se presentaba cerca de 2000 años mas tarde.
Pero, aquel Director, no escatimó esfuerzos en dotar a su colegio, seguramente en régimen de internado, o seminternado, de todas aquellas necesidades básicas para llevar a cabo las enseñanzas de sus alumnos.
Cuidó, dentro de la austeridad que caracteriza a su construcción, una fachada con columnas y acogedora, que daba entrada al colegio, desde unos jardines con estanques, donde se dejaban ver algunos animales exóticos, y que servían, al igual que hoy sirven a los jóvenes los campus universitarios.
En el interior, compartimentos que servían para las enseñanzas, cuyos restos arqueológicos nos hablan de una gran sala, que deja ver un formidable mosaico, realizado con texelas, que dibujan escenas marinas, y que en sus dos extremos figuran, por un lado un estanque trilobulado, y por otro, una piscina, donde realizaban los alumnos toda clase de ejercicios físicos, antes de entrar en las termas, alimentadas por el fuego que atizaban unos operarios fogoneros. Se unían las funciones formativas, lúdicas y religiosas, disponiendo para este último de capilla.
Parece ser que el Colegio estuvo en actividad hasta el siglo III o hasta el IV, lo cierto es que debió dejar de cumplir su labor, cuando la sociedad atravesaba ya por momentos de crisis de identidad, pasando sus restos a servir de cementerio. FIN

Thursday, November 09, 2006



UN HOMBRE BUENO
Por Asturquín
Que es aquello que aparece en lo alto de aquel cerro......., es la figura de mi padre que baja del tabor hacia la playa ceutí de Benitez y empujar mi columpio colgado del gran árbol de mi casa, imagen que recuerdo mientras escuchando las primeras letras de aquella canción de regulares, evoco agradecido el legado que dejó en mi alma. Era su inquitud, los hijos y su preocupación la unión familiar.
No tuve mayor amigo, ni mejor compañero, cuantas veces acudió a él, tantas veces me defendió con razón o sin ella. Cabalgó siempre sobre las grupa de la reconciliación, de la amistad, de la honestidad, de la decencia y de la lealtad, y se muy bien que con su partida, en alas de Aquel en él que creía, un miembro de una generación de hombres buenos ha desaparecido, sin pompas, alardes, ni alaracas, pero en el calor del pueblo abulense del valle de Amblés, que le vio nacer.
Fue su pasión la escritura, cubriendo cuadernos y cuadernos sobre temas de actualidad de la que siempre estuvo al día y de su pluma se servía en los últimos años de su vida para preparar su maleta.
Hasta el último momento llevó dibujado entre sus labios el recuerdo a S. M. El Rey, al que desde el lecho de muerte quiso enviarle uno de sus tantos manuscritos, de que trataba es lo de menos, por ello, con estas humildes y sentidas letras de su hijo, le quiere rendir el postrer homenaje a un hombre llamado Felipe, que amo a España como el mejor de los ciudadanos. FIN

LA FAMA DE TREINTA ESPAÑOLES, UN SIGLO ANTES DE CRISTO
Escrito de Asturquín
Hace 2100 años, nacen en diferentes lugares de Hispania, una treintena de muchachos aguerridos, que van a formar parte, años después, de un hecho relevante para el Senado y el pueblo de Roma.
En Italia, las legiones romanas, estaban enfrascadas en guerras contra la rebelión de antiguas tropas, ya licenciadas, que habian servido como auxiliares, durante muchos años, y que hartas de reclamar sus derechos a ser ciudadanos romanos, se rebelaban ahora contra Roma. Duraron mucho tiempo, hasta el 88 a. de C.
Con el objeto de reforzar las legiones, Roma, acude a reclutar tropas auxiliares a lugares de distintos puntos de sus dominios.
Así fue como, que guerreros indígenas, se desplazaron a Italia, a los diferentes frentes de lucha; también unidades procedentes de Hispania, entre ellas la denominada: Turma Sallvitana.
Esta unidad estaba compuesta por tres decurias, cada una de diez jinetes; podiamos decir que se trataba, para entendernos, del escuadrón de Salduvia, la actual Zaragoza.
Todos ellos debieron comportarse con un valor fuera de lo común, a juzgar por los honores que recibieron por su actuación, en la contienda que se dió junto a Áscoli (Italia), el 17 de Noviembre del 89 a de C. Nada menos que se les concedió la ciudadanía romana.
Pero a este extraordinario galardón, el cónsul Gneo Pompeyo, les concede a cada uno de ellos, el uso del cornículo, para colocarse en su casco de guerra y les entregó la patela, una especie de bandejita, donde figuraba el nombre del galardonado. Ambas recompensas eran de un alto valor .
Igualmente, por la acción que habían realizado y cuya concreción, al menos, desconozco en detalle, se les concedió otras de carácter ordinario, tales como el torque, que era un collar metálico, la armilla, es decir un brazalete, y la falera, que era una recompensa para el caballo de guerra, que se acoplaba a arnés.
Finálmente, se les concedía doble ración de grano, sustanciosa recompensa económica, probablemente vitalicia.
Cabe imaginar, el orgullo con que aquellos treinta jinetes regresarian desde Italia, para encontrarse con sus familias y amigos de sus ciudades, en el valle del Ebro. Eran de Zaragoza; de la zona de Jaca. Otros eran de Lérida; tambien de Egea de los Caballeros, así como de Leyva en la Rioja. Otros de la zona navarra de Lumbier, etc.
Cuando el hijo de Gneo Pompeyo, Quinto Pompeyo, llamado el Grande, estuvo en Hispania, en lucha contra Sertorio, trece años más tarde, encontró en la región la ayuda de los influyentes y veteranos équites que habian luchado junto a su padre.
De todo ello, da testimonio el llamado: "Bronce de Áscoli", que se encuentra expuesto, en los Museos Capitolinos de Roma. FIN

Wednesday, November 08, 2006

UNA NUEVA PROVINCIA ROMANA EN ESPAÑA:
LA TRANSDURIANA


Escrito de Asturquín

Hace 2200 años, Hispania fue apetecida por el imperio mas poderoso de la tierra. El Imperio Romano. Aprovechando coyunturas políticas, en las que estaban en juego, entre otras cuestiones, la hegemonía del Mediterraneo Occidental, decidieron sacar el mayor partido de las riquezas de la Península; se quedaron en ella, después de haber llegada, con el propósito inicial de evitar la expansión cartaginesa.
Imperio Romano. Aprovechando coyunturas políticas, en las que estaban en juego, entre otras cuestiones, la hegemonía del Mediterraneo Occidental, decidieron sacar el mayorpartido de las riquezas de la Península; se quedaron en ella, Esta circunstancia, fue la clave para que se diera el primer paso de la división territorial peninsular.
En el año 202 a. C., Escipión derrotaba por última vez a las tropas cartaginesas, concluyendo la denominada Segunda Guerra Punica. Lógicamente, con esta victoria romana, debería haber desaparecido la ocupación en Hispania.
Lejos de esto, considerada ya como una provincia, en las elecciones del año 197, El Senado y el Pueblo Romano, creyó conveniente para sus intereses, dar una forma más más estable, a aquella ocupación; dividió administrativamente la Península en dos nuevas provincias: Hispania Citerior, por un lado, y la Hispania Ulterior, por otro.
Esto es de sobra conocido, lo que ya no lo es tanto, es encontrarnos, tras un hallazgo arqueológico, una sorpresa que la historia de España guardaba bajo tierra.
En el año 2000, se descubre una placa de bronce. Resultó ser un edicto, dado por Augusto en Narbona, en el año 15 antes de Cristo, y en ella, sorprendéntemente y rompiendo esquemas, aparece la denominación de una nueva provincia romana en Hispania hasta ahora desconocida: la Transduriana, (es decir la de más allá del Duero).
Segúramente, correspondía esta nueva provincia romana a las regiones de Asturia y Callaecia. Hasta este momento se creía, que desde la separación de las dos provincias hispánicas en el 197 a. C. y hasta la mitad del principado de Augusto, existían dos provincias. Estaríamos hablando, por tanto de tres primeras provincias en España: Citerior, Ulterior y Transduriana.
Sin embargo, no se puede descartar que la Transduriana provincia fuera una "provincia inmersa en otra mas extensa", en este caso la Ulterior, y que Sestius, mencionado en el edicto en bronce encontrado, parece ser en Bembibre (León), habría sido el gobernador de toda la gran provincia Ulterior, máximo responsable también para la nueva provincia que hoy conocemos.
Pero aparte de este descubrimiento histórico, el bronce da testimonio de otras muchas cuestiones, relativas al comportamiento de aquel pueblo poderoso con respecto a los sometidos y su integración en el mismo
Nos habla, en concreto de la tribus paemeiobrigenses, que pertenecían a la gente de los susarros, habitantes en castellum, y que en un momento determinado, abandonan a los pueblos de alrededor, se unen a los romanos durante las guerras cántabras.
De ahí que Roma, les premie con una completa autonomía, Inmunitas perpetua, y con la legalización de la ampliación de su territorio, a costa de sus vecinos, los allobrigiaecinos.
Hoy, en proceso de estudio por la comunidad científica, este descubrimiento arqueológico, esta llamado a plantear la revisión de siglo y medio de la historia antigua de la Península Ibérica. FIN


EL CASTILLO DE MAYORGA
Por Asturquín. 1999
Prólogo
Salvo de la existencia del castillo de Mayorga, en la provincia de Valladolid, hoy derruido, no sabia de ninguna otra fortaleza que llevase este nombre, hasta que andando en mis trabajos de investigación genealógica, me tropecé rastreando el plano de España, con varios toponímicos Mayorga, en tierras de Extremadura.
Uno de ellos, daba nombre a un castillo y a partir de ahí, sentí gran curiosidad; evidentemente, en aquellas coordenadas del plano debió de existir un castillo o aún estaba. Inmediatamente, busqué alguna información al respecto, dirigiéndome hasta la Asociación Española de Amigos de los Castillos.
En una de las obras que pusieron en mis manos, se reflejaba una fotografía, en color, del castillo de Mayorga en Badajoz, reseñando que era una fortaleza medieval, visible desde la carretera a la Codosera y con una pequeña historia, reflejada en poco menos de veinte líneas.
Si no hubiese caído en mis manos, durante el proceso de elaboración de este trabajo, la obra titulada: “Arquitectura Militar de la Orden de Alcántara en Extremadura”, donde su autor D. Antonio Navareño Mateos, expone con detalle muchos de los aspectos referentes al castillo, a buen seguro, esta mía, hubiese quedado lamentablemente mucho mas coja de cómo la presento.
En la obra titulada: “Hechos del Maestre de Alcántara Don Alonso de Monrroy”, su autor, Alonso Maldonado, nos habla de las peripecias que pasó este singular personaje por los castillos de Extremadura y en relación al de Mayorga.
El Castillo de Mayorga, en ruinas, me estimuló a saber mas de su pasado.
EL CASTILLO DE MAYORGA
Los orígenes de esta fortaleza, se pierde en los pasajes de la Historia; su nombre, no fue probablemente éste, por el que hoy lo conocemos, quizás, tuviese nombre árabe la hipotética e inicial atalaya.
Debieron ser los árabes, y no otros, los que construyeron el original castillo y que posteriormente, en tiempos de la fundación de la Orden de Alcántara, fuese ganada para la causa cristiana, aunque, a causa de los grandes deterioros, sufridos por la fortaleza hasta nuestros días, es difícil apreciar con exactitud las tipologías constructivas de sus comienzos.
El castillo, desde los primeros tiempos de la Orden de Alcántara, fue el bastión de la Encomienda de Mayorga, una vez que los árabes fueron retrocediendo hacia el Sur. Probablemente cerca del castillo, hubiese existido un convento, a juzgar por el testimonio toponímico de “Convento Viejo”. Las casas principales de la puebla, se encontraban en la ribera del Alcorneo, donde había cuadras, pajares y una ermita.
El castillo, de planta irregular, haciendo cuerpo con las formas del terreno en donde se asienta, esta situado en uno de los mas elevados picachos de las estribaciones de las sierras del Castaño y de la Caraba, en el actual término de San Vicente de Alcántara. Paraje considerablemente escarpado a Poniente, Mediodía y de pronunciadas rampas al Norte y Levante.
Sobre el propio terreno, puede observarse que la planta no responde al plan concebido, en tiempos de su fundación; posteriormente se fueron incorporando adicciones y añadidos, dando lugar a volúmenes salientes, como consecuencia de ganar terreno habitable. El recinto principal que se conserva, esta muy destruido y la superficie persistente crea un ángulo en forma de “L”, cuya bisectriz toma la dirección Norte.
La fábrica es de mampostería, con abundante cal en algunos paramentos; enlucido y encalado en las paredes interiores de los aposentos. La entrada al castillo, se hace por la unión de los flancos septentrionales, entre dos muros paralelos separados entre si solo por el espacio que ocupa el hueco de la puerta, que esta cubierta con bóveda de cañón rebajado, lo que convierte en un acceso en recodo. Aquí el grosor del muro es considerable, 3,40 metros, y muy bien aquella podría haber estado rematada por una torrecilla o cubo.
El ala occidental, se flanquea al Norte por una muralla de 1,50 metros de espesor. En su parte alta, persisten restos de andenes y troneras, así como angostas aspilleras abocinadas. En el interior, se adosaban a este lienzo unas dependencias que conservan algún muro de mampostería de bastante altura. Debía estar estructurado en dos pisos, separados por un maderamiento, apreciándose los mechinales de las paredes.
Los pocos restos del ángulo suroccidental, se levantan escasamente del nivel del piso, si bien en el exterior, dispone de cortinas bien visibles dado el desnivel del terreno y su situación terraplenada y aterrazada. En todo caso, pueden observarse restos de saeteras abocinadas, así como los andenes, con un espesor total de 1,60 metros.
El ángulo noroccidental, se proyecta algunos metros a Poniente, aunque aquí se han producido mayores pérdidas, persistiendo escasamente los cimientos y algunos muñones de muros. El ala de levante, es la mas urbanizada. A lo largo de toda ella, se conservan gran cantidad de muros interiores y perimetrales, configurando un espacio muy compartimentado, donde debía centrase el núcleo residencial del castillo, extendiéndose de Norte a Sur. Lamentablemente su mayor parte se reduce a las afloraciones de las paredes.
En la esquina suroriental, pueden apreciarse algunos muros de mayor altura y algunos vanos; especialmente en el lienzo de muralla mas meridional y oriental, son notorios los restos de ventanas y arranques de bóvedas. Perpendicularmente a este muro, se hallan tres gruesas paredes que conforman cuatro volúmenes espaciales, limitadas por los correspondientes muros laterales en los extremos. Las tres dependencias se comunican entre si y hubieron de contar con tres plantas cada una, si bien la primera, algo asotanada, está en la actualidad medio cubierta por materiales de derribo.
En los dos volúmenes mas occidentales, se conservan los respectivos arranques de bóvedas de cañón, con que se debieron de cubrir sus dos plantas altas. En el muro exterior, hacia el Mediodía, se contemplan aún tres ventanitas abocinadas, con arcos rebajados de ladrillo, así como un balcón con un asiento embutido y esgrafiado en las paredes. Sin embargo, en los otros dos espacios situados hacia Levante, los desperfectos son mayores, persistiendo tan solo algún vano incompleto; en cualquier caso evidencia su uso como habitación.
El lienzo de Mediodía, entre los sectores occidental y oriental ya descritos, solo cuenta con los andenes y pretiles de la muralla, a escasa altura del suelo interior, aunque por fuera, los lienzos son apreciables merced al acusado desnivel del terreno, escarpado en algunas partes. Este flanco, registra un volumen saledizo que viene a constituirse como un cubo adosado.
En el interior, presenta un aspecto desolador, solo se aprecian algunas afloraciones de piedra viva y una gran acumulación de materiales de derribo, ocupa el área que pudo haber constituido el primitivo patio. En el lado de Levante, persisten algunos muros de lo que fue el aljibe, cilíndrico y semienterrado, muy deteriorado. Se combinan restos que atestiguan las distintas funciones que tuvo el castillo en épocas castrenses y residenciales.
Aunque los elementos conservados son escasos, para precisar una exacta datación tipológica, debemos de decir, que bien pueden corresponder al siglo XIV, con importantes añadidos y reformas, durante el siglo XVI, como luego veremos. El castillo en el siglo XVI, contaba con dos recintos, e incluso en algunos momentos se habla de una tercera puerta, hecho constatado con motivo de la información y tasación que llevan a cabo los Maestros Juan Bravo y Diego de Castañeda en el año 1570, llegándose a pensar que tuviese además un tercer recinto.
Respecto a la barbacana o cerca exterior, es clara su existencia. Ya en 1546, en las condiciones que redacta Pedro de Ybarra, se proyecta hacer de nuevo una buena parte de ésta, desde las caballerizas hasta una esquina situada entre dos cubos flanqueantes, con una extensión de 40 pies. La deficiente conservación de esta barbacana en el siglo XVI, era notoria. Algo mas tarde, en 1557, se incluye en las condiciones de una nueva fase constructiva, la restauración de otro lienzo caído, situado a la izquierda de la puerta de entrada. Aún en el año 1570, se procuran importantes reparos en este recinto exterior, citándose entonces con el nombre de “paredes de coraxa”, en la segunda cerca.
Adosadas a esta barrera, se encontraban las caballerizas. En 1544 se hallaban derribados algunos pretiles situados en sus proximidades. Debían de estar constituidas en dos pabellones, uno llamado “caballeriza principal” y otro llamado “caballeriza pequeña”, sobre las mismas se encontraba un sobrado utilizado como pajar. Flanqueando la barbacana se citan dos cubos, aunque pudo haber otros mas, denominados respectivamente “cubo viejo” y “cubo nuevo”, este último se compartimentaba en dos piezas. Formando parte de este recinto, debía de encontrarse el llamado “corral de la puerta falsa” que en el año 1546, se proyecta alzar la muralla y hacer pretiles y almenas.
El recinto interior, constituía el cuerpo principal del castillo, parte del cual se conserva en la actualidad. Ya en 1565, se encontraba su muralla muy baja en alguna de sus partes. En la carta, fechada en 1561, que Alonso Gasco, Juez de Residencia del Partido de Alcántara, escribe al Rey, manifestándole la necesidad de ser levantada, a la altura que están las paredes de los encasamientos, pues por algunas partes “no sube mas que hasta el terrapleno el suelo primero....”. Por este motivo esta necesidad se proyecta en las condiciones que formula el Maestro Pedro de Ybarra, el 5 de Marzo de ese mismo año, centrándose los trabajos en la parte de Poniente.

Entre los elementos mas significativos que se mencionan, en la documentación histórica, puede citarse, entre otros de interés, algunas torres, cubos y aposentos. “La Torre del Homenaje”, se cita en 1544, debía de encontrarse junto a una de las murallas del patio. En 1570 se concreta su situación junto a la muralla del Mediodía, estando entonces cubierta por un tejado que se necesitaba reparar. Respecto a la “Torre de las Cabras”, solo tenemos constancia de su nombre y la circunstancia que en el año 1546, estaba proyectado rehacer su suelo.
Del llamado “Cubo del Horno”, la información es bastante mas abundante; durante el año 1546 va a ser desmochado y hecho de nuevo. En 1570, con motivo de la tasación efectuada por los Maestros Bravo y Castañeda, se manifiesta que su tejado se encuentra caído. No obstante, pasados algunos años mas, en 1585, debido a su estado de ruina, se decide hacerlo de nuevo, según las condiciones presentadas esta vez por Bravo y Rodrigo Gallego, concretándose su ubicación en el muro de Poniente, frente a la puerta principal. Se dice entonces que era de piedra y barro; concibiéndose en el proyecto en un cuerpo inferior cubierto con bóveda de ladrillo “a medio punto”, con un suelo encima “a espina de pez”, al nivel de la terraza colindante; en el segundo cuerpo, otra cámara cubierta con armadura de madera y tejado, todas las paredes de piedra y cal, disminuyendo su grosor con la altura, cada planta con su puerta y además, algunas luces que pudieran servir de troneras.
El “Cubo de la Mazmorra”, se encontraba arrimado a la puerta principal de la fortaleza. En 1544, según informaron Lope de Hordieta y Hernando Moreno, era necesario su derribo para rehacerlo de nuevo. Efectivamente debió de reconstruirse este cubo, porque en 1570, en la tasación de Juan Bravo y Castañeda, se cita como “cubo nuevo”, junto a la entrada; identificamos el que nos ocupa, figurando en esta nuevas tasaciones de estos dos maestros, la necesaria reparación de su tejado.
Por último cabe mencionar “la Torre del Aljibe”, situada en las proximidades de éste. En 1546, proyecta Ybarra subir las paredes ocho pies de alto, por encima de lo que entonces era el terreno, cubriéndose con un tejado y haciendo una saetera a cada lado. Algo mas tarde, en 1570, se incluirá la reparación de este tejado en la tasación de Juan Bravo y Diego de Castañeda. Las referencias del aljibe se centran, como es habitual, en los sucesivos reparos a que se le somete para evitar filtraciones y escapes de agua.
En lo que respecta a los encasamientos, la información es mas reducida. Parece que las distintas piezas residenciales, se organizaban en torno a un patio que se menciona como “patio alto”, “donde es todo el serviçio de la fuerça della e por donde se entra a las torres el qual esta caydo...”. Sobre este patio, colgaban unos corredores formados por tres arcos de ladrillo, donde descargaban los tejados de la fortaleza, los cuales se necesitaba hacer de nuevo en 1557, sustituyendo los arcos por vigas entre pilar y pilar, según el proyecto que presentó Pedro de Ybarra.
En el año 1561, este Maestro presentó el proyecto de hacer un corredor nuevo en la parte que daba al Mediodía, con tres arcos de ladrillo en el primer cuerpo, con una galería de tres pilares de ladrillo en el segundo, igualando la altura de las paredes antiguas. De este proyecto se conservan las trazas ejecutadas y firmadas por el Maestro.
A partir del siglo XVI, se regula en las Definiciones de la Orden de Alcántara, la obligatoriedad que tenían las distintas dignidades de reparar y mantener en servicio sus casas y castillos; caso contrario, sus titulares serían penados por el Maestre con asistencia del Consejo de Ancianos. En el Capítulo General, celebrado en Madrid en el año 1552, se establecieron determinadas instrucciones que habían de ser aplicadas, con ocasión del relevo en la jefatura de cada Encomienda. Así, cuando un Comendador fuera nuevamente proveído, en el acto de toma de posesión, debía de llevar un traslado de la descripción anterior, con lo cual se podía averiguar si los posibles deterioros de tal o cual fortaleza se habían producido durante el mandato de su antecesor.
Tras aprobar la realización de una obra, los primeros requisitos técnicos se centraban en la tasación de las necesidades, tanto en el aspecto arquitectónico, como en el presupuestario. Hasta pasada la mitad del siglo XVI, las trazas y condiciones eran realizadas únicamente por el Maestro Mayor y generalmente en la justificación del importe se hacía constar los conceptos: tiempo empleado, gastos de desplazamiento y trabajo. Pedro de Ybarra cobró tres ducados, por las condiciones del castillo de Mayorga en el año 1557, en donde se incluía el acondicionamiento del camino de acceso.
La publicación de una convocatoria, para general conocimiento de los Maestros que estuviesen interesados en la realización de cada una de las obras, se llevaba a efecto mediante los correspondientes pregones, en las localidades afectadas y en las villas de las comarcas; solía ser durante un periodo de treinta días. El día establecido se llevaba a efecto la puja o subasta para adjudicar la obra. Los distintos Maestros, participantes en el concurso público presentaban su oferta o “postura”, realizándose bajas sucesivas hasta ser adjudicada al que pusiera el mas bajo precio.
Normalmente, el sistema de trabajo era a destajo; el Maestro contratista recibía el presupuesto total rematado en varias pagas, cuyo monto se había de aplicar a los distintos capítulos de la obra, tanto materiales como sueldo de los Obreros y Maestros. En el año 1554, los Oficiales ganaban diariamente durante los trabajos realizados en el castillo de Mayorga, 2,5 reales, es decir 85 maravedís; los Peones cantidades que oscilaban entre 34 y 40 maravedís.
Los gastos de construcción y las inversiones que se realizaban para mantener los castillos, en las mejores condiciones, eran muy elevados, pero eran necesarios ya que eran los baluartes donde se apoyaban los reinos. Con anterioridad al año 1543, solo se tiene noticia documentada del periodo comprendido entre 1522 y 1534, periodo durante el cual, es receptor de los maravedís que estaban consignados para las obras y labores de las fortalezas y posesiones de la Orden de Alcántara, Frey Francisco de Ovando y que se elevaron a un total de 3.072.398 maravedís, de los cuales 439.814 correspondieron a los gastos de reparación del castillo de Mayorga, que con el de Alcántara y el de Piedrabuena, se llevaron la parte del león.
El castillo de Mayorga, va a sufrir otras importantes reparaciones a lo largo del siglo XVI, con inversiones que van a acercarse al monto del millón cuatrocientos mil maravedís, en un total de diez intervenciones: 623.114 mrs. Durante el segundo cuarto de siglo; 535.740 mrs. En el tercero y 215.000 mrs. en el último.
Entre 1523 y 1534, se llevan a cabo una serie de pagos para financiar las obras que entonces se ejecutan. El albañil Francisco Pedrolo cobra en 1523, 68.5000 maravedís. Francisco de la Cuesta, 30.000 en 1524; 15.5444 mrs. en 1529; En 1530 tres cantidades: 15.186, 24.330 y por último otros 15.186 maravedís. El Maestro albañil Sebastián de Huete, cobrara también tres pagas entre 1528 y 1530, dos de 26.666 y una de 41.004 maravedís. Todos ellos trabajaron en el castillo. El Comendador de Mayorga, D. Sancho de Sotomayor, recibió distintas cantidades para afrontar estas y otras obras, que se elevaron a 439.814 maravedís y que sirvieron en parte para el pago a los anteriormente mencionados personajes.
Siguiendo las directrices de una Provisión de Carlos I, dada en Valladolid el 5 de Septiembre de 1543, llegó hasta el castillo el Alcalde Mayor Diego de Chaves, en compañía del Maestro Gaspar López, a fin de llevar a cabo la inspección y tasación de las obras necesarias. Observaron durante la visita que el cubo situado junto al aljibe, estaba en estado deprorable y que había grandes desperfectos en varios lienzos, adarves y pretiles. Una vez notificadas tales deficiencias, fueron denunciadas al Gobernador del Partido D. Diego López de Toledo, uniéndolo éste en su informe y remitiéndolo al Rey a finales del verano de 1544.
Posteriormente se va a efectuar un informe mas concreto y específico a cargo de los Maestros Hernando Moreno, López de la Hordiete, con Alonso Hidalgo, del cual se hace referencia en la Provisión Real de Carlos I, dada en Valladolid el 2 de Agosto de 1544, en la cual también se ordena redactar las condiciones de la obra.
Los trabajos se iban a centrar en el cubo de la Mazmorra, el cual debía de ser derribado y rehecho de nuevo, a base de piedra, cal y otras peculiaridades ya descritas anteriormente. Se contemplaba la reparación de un portillo junto a la torre del Homenaje, acabar unos pretiles en el muro y otros junto a las caballerizas; también había de llevarse a cabo algunas zonas que habían sido contraminadas. A finales de 1544, se ordena poner la obra en pregón, siendo rematada en los primeros meses del siguiente año en Bartolomé Moreno, vecino de Alcántara, quien cobró por ello 100.000 mrs. Inmediatamente se inician las gestiones para una nueva intervención arquitectónica.
Surgen, como en toda obra que se precie, nuevos problemas durante esta intervención, desembocando en la Provisión Real de Carlos I, dada en Madrid el 25 de Noviembre de 1545, con el fin de remediar algunas torres y murallas situadas a escasa altura, realizando lienzos y almenando mas arriba. Por ello son enviados al castillo, para tasar las obras, Pedro de Ybarra, Diego de Castañeda y Pedro Villegas.
Como consecuencia se redacta una nueva Provisión Real, con fecha 13 de Julio de 1546, por la que se ordenaba la Gobernador de Alcántara, realizase las diligencias y pregones necesarios para su remate. El 12 de Octubre de 1546, se presentan en Alcántara las condiciones elaboradas al efecto por Pedro de Ybarra, so sabiendo a ciencia cierta quien fue el artífice de los trabajos.
En la década siguiente se iban a realizar nuevas obras. Ante la petición de D. Luis de Zúñiga y Ávila, Comendador Mayor de Mayorga, se extiende una nueva Provisión Real para el Castillo; dada por Felipe II en Valladolid el 25 de Octubre de 1556, se establecen las normas para iniciar las gestiones de aprobación e iniciación de las nuevas obras. En ella se reproducen los detalles denunciados por el Comendador, referentes a desperfectos de adarves, patio alto, arcada, puertas y cisternas. “.....quel adarve prinçipal de la dicha fortaleza de la dicha encomienda de mayorga se a caydo un gran pedaço de tal manera que por lo abierto del dicho adarve se puede entrar esalir de la dicha fortaleza e ansy mismo el maderamiento sobre que esta un patio alto de la dicha fortaleza ques dondesta el serviçio de toda la casaesta para se caer e solamente se tiene en unos pilares que se an puesto para que se sustenten en unos arcos questan sobreel dicho patio que vienen de una torre de ladrillo que sostienen unos tejados estan todos abiertos e para se caer.....”. Me imagino como estarían aquellas gentes, viviendo en tan precarias condiciones y expuestas a que se derrumbaran sus casas. No sería de extrañar que le costara el puesto, a algún Alcaide del Castillo por la desidia y llegar a aquellos extremos.
Desde el 9 de Diciembre de 1556, el Gobernador del Partido, D. Diego López de Silva, iniciará distintas gestiones, comenzando por las “provanças”, entre varios testigos. Declararían Diego Vaca, lo mas probable se tratase de Diego Vaca de Mayorga, Señor de Val–Despino, como Alcaide de la fortaleza; Alonso Sánchez y Francisco Rexas como guardas de ella; Asensio Hernández, Maestro de Obras, que coincidieron todos en lo expuesto. El 8 de Marzo de 1557, el Gobernador va a encargar a los Maestros López de la Hordieta y Asensio Hernández la valoración del costo, tasándose en 90.000 maravedís.
Salvados estos trámites, el 13 de Mayo de ese mismo año, se extiende en Valladolid la Provisión Real definitiva, para que se pregone y remate la obra, indicándose al mismo tiempo al Gobernador que Pedro de Ybarra fuese el que señalase lo que correspondía a los fuertes y encasamientos, deduciéndose con ello la confianza que depositaba el Rey en este Maestro en obra que requería seguridad estructural. El mismo mes de Mayo, va a realizar Ybarra las condiciones, detallando el contenido de los trabajos a realizar y dándose un plazo de dos meses para su realización. Por causas desconocidas la obra fue rematada finalmente a comienzos de 1558, por Bartolomé Moreno en 77.000 maravedís. La muerte de este Maestro en los primeros meses de ese año, en que se disponía a iniciar la obra, hizo que fuese su hermano Francisco Moreno quien se encargara y rematara.
Se conoce una carta de poder, fechada en Alcántara el 15 de Febrero de 1558, por la que Francisco Moreno y Ana de Saavedra, viuda de Bartolomé, se comprometían a la ejecución del proyecto. El 28 de Julio del mismo año, Francisco Moreno, ya había iniciado la construcción.
Otras obras se suceden en los años sesenta. En una Provisión Real de 9 de Noviembre de 1560, se señala que se vean las necesidades del castillo a Pedro Ybarra u otro Maestro. El 16 de Enero de 1561, al ser presentada esta Provisión ante el Gobernador del Partido en Alcántara, se producen las declaraciones de varios Maestros: Pedro de Ybarra, Diego de Castañeda y Diego de Melchor, quienes se manifiestan en el sentido de la necesidad de alzar algunas de las paredes de la fortaleza que al parecer, estaban muy bajas. Todo ello es comunicado al Rey, en carta del Juez de residencia del Partido, D. Alonso Gasco, redactada en Febrero de 1561. En la misma se calcula que el costo de los recrecidos de las paredes podían costar entre 55.000 y 60.000 maravedís.
Para su resolución se efectúa en Toledo, una definitiva Provisión de Felipe II, fechada el 5 de Febrero de 1561, en la que se ordena los pregones y remate de la obra. Hará las condiciones Pedro de Ybarra, quien el 5 de Marzo de ese mismo año, las presenta en Alcántara. En las mismas se incluye el realizado de la primera muralla hacia el Poniente, la cual debía de subir hasta el alto del aposento que hacía en ese momento Diego de Castañeda; así mismo, se harán tres arcos de ladrillo en el lado de Mediodía, con tres pilares encima; por último, habían de subirse las paredes de la muralla a lo largo de las caballerizas. La obra sería rematada por Diego de Castañeda, habiéndose realizado mas de la mitad el 4 de Septiembre de 1561. La cifra total del valor de la construcción ascendería hasta los 870.000 maravedís.
Desde luego, parece que en este siglo le estaban saliendo todos los males a esta fortaleza, pues no se terminaba de rematar una obra cuando aparecían destrozos en otros lugares. El 5 de Noviembre de 1569, Felipe II, extendía una nueva Provisión para el Castillo y relativo a la reparación de un pedazo de muralla que se había caído, junto al patio, frontero al algibe, y que al parecer, estaba para caerse la torre vieja, además el mismo algibe perdía agua.
Para solucionar estos nuevos problemas, se desplazaría a la fortaleza el Alcalde mayor Juan de Torres de Ávila, en compañía del Maestro Juan Bravo y Diego de Castañeda, que realizaron su informe con fecha 7 de Abril de 1570. Aglutinan las intervenciones precisas en dos conceptos, separando los gastos de lo fuerte, que ascienden a 329.740 maravedís, y encasamientos que suman 25.000. Tras la definitiva Provisión Real a finales de 1570 y el informe específico realizado en Febrero del año siguiente por Diego de Castañeda, López de la Hordieta y Fabián Pérez, se producirá el remate de la obra en Diego de Castañeda, quien pide la segunda paga el 20 de Octubre de 1572.
A mediados de 1573, debe de estar terminada la obra, habiéndose incorporado algunas mejoras con un importe suplementario de 24.000 maravedís. Dieron informe favorable los Maestros Juan Bravo y Diego de Santillana, enviados a Mayorga a este efecto. Por último, tenemos constancia de la realización de otras obras entre 1585 y 1586. El 2 de Febrero de 1585, se van a presentar ante el Visitador General D. Bartolomé de Villavicencio, las condiciones de Juan Bravo, por entonces Maestro Mayor y, Rodrigo Gallego, para la consecución de reformas, esta vez, en el llamado cubo del Horno, murallas y caballerizas.
Acudirán al remate efectuado en Valencia el 26 de Marzo de 1585, los Maestros Diego Galvis, Francisco Cortina y Francisco Alonso, siéndole adjudicada la obra a Domingo Díaz. El remate ascendió a 215.000 maravedís, estando ya comenzada la obra en Enero de 1586.
El material con el que fue construido el castillo, como el de casi todos los pertenecientes a la Orden de Alcántara, era base de “piedra berroqueña”, en sillares bien encuadrados, sillarejo o mampostería. Característica también es la “pizarra”, junto al material granítico. En Mayorga se empleó la piedra de “Villares” a mediados del siglo XVI. La arena fue un material muy importante en su construcción, que mezclada con cal iba a constituir el conglomerado o mortero básico, empleado en las obras de albañilería; en los encalados, se empleó la arena fina y delgada: “tanto cal como arena y el arena que sea delgada y çernida”. En la fabricación del mazacote se empleó, por el contrario, arena gorda: “cal y arena gorda y polvo de ladrillo”.
En las terrazas, andenes y aljibe, así como para los suelos del castillo de Mayorga, para dejarlos muy lisos y pulidos, se utilizó la sembrilla, constituida con la mezcla de cal, arena y polvo de ladrillo o teja que aplicada en una masa, de uno a tres dedos de grueso, se echaba en seco y se bruñía con aceite. Como materia impermeabilizadora se empleaba el betún.
Aunque el adobe, en las fortalezas de la Orden de Alcántara, no se llegó a emplear de forma rutinaria, sin embargo, hubo casos en que este material formó parte del amurallamiento en ciertas épocas, en algunas fortalezas, como sucedía en la de Mayorga y que fue una de las causas que llevaron a la reparación de uno de sus lienzos. En 1546, cuando el Maestro Mayor, Pedro de Ybarra, hace las condiciones de ciertas obras en el castillo, señala que había un pedazo de pared hecha de adobe, la cual debía ser sustituida por otra de piedra y cal; “...lo que esta hecho de adobes que es un pedaço junto a esta pared se quite e haga de piedra e cal...”.
Las maderas que se usaron en Mayorga, fueron para los enmaderamientos y entreplantas, es decir tocones, cuartones, vigas o tablas; el alcornoque se usó preferentemente para las vigas y el roble para el amaderamientos de los aposentos y para las torres.
Para las puertas se empleó el castaño y el pino. La encina se empleó para las de mayor consistencia, es decir para las de las torres y barbacanas, además del alcornoque. Se utilizó también madera cortada de la dehesa propia del castillo y de la Encomienda, ya que el constructor tenía el derecho a conseguirla de esta forma de una manera gratuita: “..que corte la madera neçesaria a la dicha obra en al dehesa de esta fortaleza”.
Los precios que se contrataban para las obras en el castillo de Mayorga, eran los siguientes: Una carga de piedra importaba la cantidad de cinco maravedís, que debía de ser pequeña a juzgar por el bajo costo. El precio de una fanega de cal en un real. La carga de arena, a seis maravedís. El ladrillo costaba un maravedí por unidad, coste igual al de una teja. Una docena de tablas de roble, para techos, costaba entre 4 y 5 mrs; mientras una docena de chilla costaba comprarlo para el castillo de Mayorga por el año 1544, 6,5 maravedís.
De la documentación consultada, se deduce que fueron unos 172 los Maestros que trabajaron en las diversas obras, llevadas a cabo en las fortalezas de la Orden desde los siglos XVI al XIX. De ellos 136 lo hacen a lo largo del siglo XVI. Pedro de Ybarra, va a ser el gran responsable de las restauración del de Mayorga. En los años 1545 y 1557, realiza informes sobre el estado de la fortaleza y tasación de las obras del mismo, siendo sin duda la realización de las trazas del castillo y las condiciones, la tarea donde este Maestro mas se aplicó, poniendo de manifiesto sus cualidades, como arquitecto.
Pero, hablemos de la historia relacionada con nuestro castillo:
El núcleo germinal de la Orden de Alcántara, parece que se formó con territorios donados por el Monarca Alfonso IX y parece verosímil, como ya se ha apuntado en un principio, que las fortalezas llevasen los nombres castellanos o cristianos de los primeros caballeros que tuvieron en ellos su habitación y así no ofrece muchas dudas que el de Mayorga, llevase desde un principio, el sobrenombre de un caballero castellano, quizás antes, se denominara con un nombre de origen árabe, puesto que estaba en tierras de su demarcación.
Cuando el Papa Lucio III, confirma la Orden por segunda vez, en el año 1183, encontramos relacionado en la Bula de la fundación de la Orden, los bienes de la misma, que eran Sant Julíán del Pereyro con sus términos, Herrera, Colmenar, Almendraseca, La Granja de Fonseca, continuando la Chrónica de Alcántara que, “después el Maestre don Frey Benito y los otro sus sucesores, juntamente con sus Freyles Caballeros, adquirieron otros muchos bienes, ansi villas y castillos que ganaron de Moros, como otros grandes heredamientos en los partidos de La Serena y de Alcántara”.
Durante el reinado de Alfonso IX y en el año de 1212, se va a producir la recuperación de las tierras de la sierra de Gata, con los emplazamientos de Almenara y San Juan de Mascoras (luego Santibañez) entre otros. Al año siguiente se llega hasta Alcántara, hecho que va a marcar un hito, de gran interés militar y psicológico, pues, de aquí en adelante, se va a producir un imparable avance cristiano en toda la región.
En tiempos del rey D. Alonso, sabedor éste, que los Moros habían tomado villas y castillos en tierras de Extremadura, decidió trasladarse con sus huestes a ellas, para reconquistar estos lugares que eran zona de su conquista. Pudiera ser que la historia de nuestro castillo, siguiera las mismas o perecidas vicisitudes que el resto de las fortalezas fronteras, esto es que tan pronto estaba en manos sarracenas, como en manos de cristianos.
El establecimiento del Convento de la Orden, desde San Julián de Pereyro a la villa de Alcántara, a partir de 1218, hizo que pasase a denominarse Orden Militar de Alcántara, siendo Maestre de la Orden D. Diego Sánchez. En el año 1220, se amplía el territorio tras la reconquista de Valencia de Alcántara, tiempos en que pasarían a denominarse Partido de Alcántara.
Sus Caballeros, se incorporaron al Ejercito del Rey de León, en la villa de Coria, cuando una vez efectuada su salida de Zamora, se dirigió hacia el castillo del Portillo en las sierras próximas a la villa de Ceclavin, tomando la fortaleza, después de un duro combate. Desde este lugar se trasladaron al castillo de Montanchez, tomando también la fortaleza a los Moros, y donde murieron muchos cristianos, entre los que se encontraba el propio Maestre D. Diego Sanchez, ocuría el año 1227.
El castillo de Mayorga, junto con el de Azagala y Piedrabuena, en el año de 1264, es mencionado con motivo de la confirmación de la conveniencia entre la Orden de Alcántara y la ciudad de Badajoz. Torres Tapia, cita Comendadores en la fortaleza de Mayorga desde el año 1335, sucediéndose ininterrumpidamente hasta los tiempos mas modernos. Sin embargo, a los pocos años, con motivo de la súplica del Concejo de Valencia al Maestre Nuño Chamizo, para que les confirmase el fuero y privilegio que tenían de los Reyes y Maestres anteriores, entre otras mercedes, les concedió a los valencianos el derecho a gozar de las heredades que tenían en el término de Mayorga, impidiendo a éstos, acotar prados y egidos sin licencia, lo mismo que ocurrió en Esparragal y Herrera. Sin embargo en este caso permitió también a los vecinos de Mayorga que gozaran asimismo de las heredades que tuvieren en término de Valencia.
A la muerte del Rey D. Sancho de Castilla y León sucedió su hijo Fernando IV El Emplazado que tuvo serios problemas, para conservar sus reinos. Tenía por sus enemigos, al Infante D. Juan, hermano de su padre y a D. Alonso de la Cerda su primo; en favor de D. Alonso estaba el Rey de Francia y el de Aragón a favor de D. Juan el de Portugal, D. Dionis que entró en Castilla con un poderoso ejército, apoderándose de algunas villas y castillos en la ribera del río Quoa. El Maestre de Alcántara estuvo a favor del Rey D. Fernando IV.
El de Portugal tomó por la fuerza la fortaleza de S. Julián del Pereyro, haciéndose mas tarde la paces entre España y Portugal, no llegándose a recuperar por parte de la Orden sus castillos, entre ellos el de Mayorga, por haberse dado al Rey de Portugal. Esto sucesos ocurrían en tiempos del Maestre de la Orden D. Fernán Perez que falleció en el año de 1296.
En tiempos del Maestre D. Gonzalo Nuñez de Oviedo, privado del Rey D. Alonso, con motivo de la venganza de la reina Dª Leonor de Guzmán por estar enojada contra el Maestre, a causa de que éste, no votó por su hermano D. Alonso Meléndez de Guzmán para que fuese Maestre de la Orden de Santiago, el Rey lo mandó llamar a la Corte de Madrid, cuando se encontraba en Xerez de la Frontera, enviando una carta al Alcalde para que lo prendiese y lo llevase si no fuera el Maestre de motu propio.
No se avino a tales pretensiones reales y pasó por las villas y castillos de su jurisdicción, haciendo tomar a los Alcaydes homenaje para que no diesen entrada en ellos al Rey, al mismo tiempo que hacía llegar al Monarca la postura que había adoptado. Después de pasar por los castillos de Magacela, Benquerencia y Alburquerque, se hizo fuerte en el castillo de Valencia de Alcántara, con gentes que le eran fieles, entre los que se encontraban mas de un Caballero asturiano.
Alfonso XI llegó hasta las puertas de la fortaleza y después de tratar de convencer al Maestre, para que se rindiese, entró en el castillo al día siguiente, haciéndole prisionero y condenado a muerte por el Monarca, fue degollado. Los que les calumniaron, haciendo que el Rey se equivocara respecto a su persona, morirían de la misma forma; el año 1338. Al nuevo Maestre de la Orden Nuño Chamizo, le fueron entregadas “las fortalezas de Valencia de Alcantara, Piedrabuena, Santibañez y otras de la Orden”, posiblemente la de Mayorga, cerca de la de Piedrabuena, sería una de ellas.
Cuando estaba al frente de la Orden de Alcántara el que hacía el número XXVI de los Maestres, Don Diego Martínez, Comendador Mayor, transcurría la era de mil cuatrocientos trece, año 1375, reinando en Castilla y León Don Enrique II; el castillo de Mayorga lo regentaba en esta fechas Frey Alonso Tello, del cual era su Comendador.
Años mas tarde fue elegido el XXIX Maestre de Alcántara, Don Martínez de la Barbuda, nacido en Portugal. Se incorporó a Castilla a causa de la muerte de su Rey Don Fernando de Portugal sin dejar descendencia varonil, heredando el trono de Portugal Doña Beatriz, a la sazón Reina de Castilla y mujer del Rey Juan I.
Se subleva entonces el Rey de Portugal Don Juan, Maestre de Avis. Don Martinez de la Barbuda, Comendador del castillo de Mayorga, no le quiso seguir ya que entendía que Don Juan no tenía derecho sobre el reino de Portugal, interviniendo en favor de la Reina de Castilla en la batalla de Aljubarrota, hecho que le valió para que el Rey de Castilla le nombrara Maestre de la Orden de Alcántara en el año de 1385.
Corrían tiempos en que por parte de los dos bandos, castellanos y portugueses estaban enzarzados en tomas y conquistas de castillos fronteros, llevándose la palma el de Portugal sobre las fortalezas de Extremadura, destacándose el de Valencia de Alcántara. Por este motivo, el Maestre Don Martínez juntó hasta seiscientos de a caballo y muchos peones de Extremadura para tomársela al Capitán Caballero portugués que la ocupaba, Martín Freire, que se rindió al cabo de muchos meses de asedio. En este cerco seguramente intervinieron gentes del castillo de Mayorga, pues en este tiempo lo gobernaba como su Comendador Frey Fernán González Chacón, hijo de Gonzalo Chacón y hermano de Ruy González Chacón que a la sazón era Comendador Mayor de León de la Orden de Santiago.
Años mas tarde, cuando quedó vacante el Maestrazgo de la Orden, por la muerte del Maestre Don Fernán Rodriguez de Villalobos, tuvieron los Comendadores y Caballeros de la misma que reunirse en asamblea para nombrar al nuevo Meestre. Asi estaban cuando el Infante Don Fernando, hijo del rey Don Juan I de Castilla y León y de Doña Leonor Sanchez de Castilla, hija de Don Sancho, Conde de Alburquerque, se enteró de la falta de acuerdo entre aquellos.
Desde la Corte, que había reunido en Guadalajara, mandó el Rey llamar a Don Sancho de Roxas, Obispo de Palencia y después Arzobispo de Toledo, para decirle que había pensado nombrar como Maestre de la Orden a su hijo Don Sancho, diciéndole el Obispo que convendría que esta decisión fuese apoyada por los Comendadores de la Orden.
Fue así como llegó la consulta hasta el Convento de Alcántara, donde estaban en asamblea y después de grandes debates concertaron, por la intersección del Comendador Mayor, elegir al hijo del Rey como Maestre de la Orden. Corría el año de 1408 cuando fue elegido el Infante; no obstante debido a su minoría de edad, tenía tan solo ocho años, y una vez aprobado todo el proceso por el Papa, fue nombrado como Coadjutor y Gobernador del Maestrazgo hasta su mayoría Frey Juan de Sotomayor y como Clavero Don Diego Ruíz de Ribera. Frey Gutiérrez de Sotomayor Comendador del castillo de Lares; Frey Juan Mendez Comendador del castillo de Magazela; Frey Alonso Gutierrez de Randova, Comendador de las casas de Calatrava; Frey Francisco Vélez Comendador del Castillo de Benquerencia; Frey Gonzalo García de Valdés Comendador de Ceclavín; Frey Diego Pérez Quijada Comendador de Batumbera; Frey Fernan Gonzalez de Castañeda Comendador de la fortaleza de Magdalena; Frey Pedro Núñez de Guzmán Comendador de diezmos; Frey Martin Sánchez de Velasco Comendador del castillo de Castilnovo y Frey Alonso Centellas Comendador del castillo de Mayorga.
Pasaría después el gobierno del castillo de Mayorga a manos de frey Diego Pérez de Ribadeneira como su Comendador.
Cuando estaba al frente de la Orden el Maestre D. Gómez de Cáceres y Solis, éste casó una hermana suya con un Hidalgo de Trujillo, Francisco de Hinojosa, o de Cáceres. Esta boda se celebró en Cáceres y claro está estaban presentes el Maestre, con muchos Caballeros de la Orden que participaron junto con otros seglares de Extremadura, en las fiestas y juegos preparados para la ocasión. Se había hecho un tablado muy alto, para que los Caballeros lanzasen varas sobre él. D. Alonso de Monroy, Clavero de la Orden de Alcántara, tomó una lanza jineta en lugar de varilla y la arrojó sobre el tablero, al mismo tiempo que pronunciaba algunas palabras de mofa hacia los demás Caballeros, en sentido de demostrar su debilidad y hombres de poca fuerza. Estos se ofendieron por ello, particularmente el novio que quiso vengarse en otro juego de cañas.
En este juego le lanzó dos cañas a D. Alonso de Monroy directamente a al cara que pudo esquivar, viendo una clara mala intención del contrayente de la ceremonia nupcial; D. Alonso salió entonces en su persecución lanzándole una caña y pegándole en el calzo por detrás, lo derribó del caballo. En su ayuda acudieron los cuñados y hermanos del Maestre, e intentaron matar a D. Alonso que se defendió, pero fue prendido por el Maestre, enviándole preso al Convento de Alcántara, de donde escapó tiempo después.
Don Alonso de Monroy reunió a algunos que le eran fieles y deudos y tomó por la fuerza en venganza de lo que le había hecho el Maestre, los castillos de Robredillo y Trebejo, agregándosele hasta ochenta hombres de a caballo e iniciando así una guerra por las tierras de la Orden. Llegó a tomar de la fortaleza de Magacela y Azagala. Esto fue aprovechado por el Rey D. Enrique, que escribió a D. Alonso de Monroy para que siguiera guerreando contra el Maestre, aceptando y pidiendo ayuda a su hermano D. Fernando de Monroy, de la Villa de Belvis, dándole la ayuda que le solicitó a pesar de que también él estaba haciendo la guerra a su primo D, Fernando de Monroy El Bezudo primo suyo y Señor de Monroy.
De esta forma, juntó el Clavero de la Orden de Alcántara hasta 200 caballos y 300 peones, marchando hasta la Villa de Coria, que la había tomado el Maestre, en favor del Rey D. Alonso de Portugal y que tenía el hermano de aquel, Gutierrez de Cáceres. Tomó la fortaleza fácilmente en un descuido de sus guardias. Enterado de ello el Maestre se dirigió con su gente a socorrer a su hermano e intentar reconquistarla, cercándola por espacio de nueve meses. Como al cabo de este tiempo no recibiera D. Alonso de Monroy ninguna clase de ayuda se estableció un pacto entre ambos bandos, por el que el Maestre se quedaba con La fortaleza de Coria y “D. Alonso de Monroy con las “Encomiendas de Piedrabuena y de Mayorga con sus castillos respectivos”.
No deja de tener protagonismo el castillo, las enemistades entre el Maestre y el Clavero de la Orden Don Alonso de Monrroy Señor de Deleytosa, Belvis y Almaraz seguían tensas, y cada vez iban a mas, hasta tal punto que éste último hizo elegir Maestre de la Orden al Comendador Don Alonso, hijo de Doña Juana de Sotomayor, tenía trece años cuando tomó posesión, siendo aprobado por el Rey este nombramiento y confirmado por el Papa motivo por lo cual el Maestre hizo una nueva Liga para hacer la guerra al Clavero. D. Alonso salió de Alcántara, en dirección al castillo de Montanchez, que lo había usurpado la Orden de Santiago, al mismo tiempo que pedía apoyo a su primo Fernando de Monroy, Señor de Monroy, pidiéndole hueste, ofreciéndole a cambio dos Encomiendas para dos hijos suyos; una vez prestada la ayuda que demandaba el Rey Castellano, consistente en 60 caballos y 100 peones, “pasó la Encomienda de Mayorga conjuntamente con su castillo a uno de los hijos del Señor de Monroy; corría el año de 1437”.
A Don Alonso de Monroy no quisieron algunos Caballeros de la Orden reconocerle el Maestrazgo, con lo que se dispuso a hacer valer sus derechos y junto a sus leales puso cerco a varios castillos de la Orden, Zalamea, Benquerencia y Magazela. Francisco de Solis que tenía la fortaleza de Magazela quiso vengarse del Maestre, metiéndole en una encerrona con falsas promesas, siendo de esta forma hecho prisionero, haciéndose nombrar por la fuerza Francisco de Solis en Magazela Maestro electo de la Orden por la fuerza.
Don Alonso de Monrroy se salvó de ser ejecutado gracias a la intersección de algunos Caballeros que por tal motivo, se decidió dejarlo preso en el castillo de Magacela, saliendo de esta fortaleza Francisco de Solis a tomar el resto de las posesiones de la Orden. Eran tiempos del reinado de D. Enrique IV, y corría la década 1450 -1460. En el transcurso de este periodo, viendo las desavenencias en la Orden, la Duquesa de Plasencia Doña Leonor Pimentel, solicitó del Rey Don Enrique la posesión del Maestrazgo de la Orden, convenciendo al Papa para que pasase a manos del hijo de la Duquesa Don Juan de Zuñiga.
Al cabo de siete meses desde que fuera hecho preso Don Alonso de Monroy, consiguió escapar de su prisión aprovechando el descuido de sus carceleros y mediante unas cuerdas anudadas de ballesta que había conseguido, se deslizó por los muros de la fortaleza valiéndose del ardiz de usar los calzos como guantes con el fin de no quemarse las manos; no obstante de conseguir salvar el muro se rompió una pierna y con ella así saltó al exterior. Cuando llegó a oídos de Francisco de Solis emprendió una búsqueda por los bosques cercanos al castillo, hasta que consiguió dar con él escondido entre los matorrales de un llano donde se había refugiado. Esta vez lo metieron en una mazmorra del mismo castillo, en la que iba a estar bastante mas tiempo.
El año 1474, murió el Rey Don Enrique IV, sucediéndole en estos reinos la Princesa Isabel y por ella Don Fernando Rey de Aragón. Don Francisco de Solis se alió con los Reyes Católicos para combatir a Don Alonso de Portugal, que pretendía ser nombrado Rey de Castilla. Fue herido de un escopetazo, así como el caballo que montaba, con tal mala fortuna que una pierna quedó atrapada por el cuerpo del animal, como no podía levantarse del suelo solicitó ayuda; así lo vió un tal Golondro, incondicional de Don Alonso de Monrroy, que lejos de hacer lo que le pedía, muy al contrario desenvainó su espada y de un espadazo le seccionó la cabeza al mismo tiempo que decía: “Así pagas la traición que le hiciste a mi amo”.
Cuando esta noticia llegó hasta Magacela, sus carceleros cambiaron de actitud; algunos Caballeros, juntamente con su carcelero en Magacela, Soto, que era el Clavero por entonces de la Orden, llegaron al acuerdo de liberar a Don Alonso, esto sucedía en el año de 1477. Partió Don Alonso de Magacela hacia el castillo de Montanchez y comenzó a guerrear por su cuenta con algunos de sus leales, contra Don Juan de Zúñiga que se decía Maestre de Alcántara.
D. Alonso de Monroy fue a solicitar de los Reyes Católicos se le volviera a reintegrar en el cargo, y se le devolviesen las posesiones que le pertenecían. No consiguó lo que fue a solicitar, y por ello a la vuelta a tierras extremeñas determinó resistirse por la fuerza a la usurpación de su Maestrazgo. Entabló alianza para ello con Dª María Pacheco Condesa de Medellin, tomando los castillos de Mayorga, Castilnovo, Piedrabuena y algunos otros que eran de su Orden.
Como quiera que D. Alonso fue a pedir de nuevo los derechos sobre su Maestrazgo y los Reyes le volvieran a responder que no era tal concesión de sus personas sino del Pontifice de Roma, el de Monroy despechado, ofreció sus servicios al Rey de Portugal. Este le prometió que penetraría en los reinos españoles con el título de Rey de Castilla y León, pasando de esta forma D. Alonso y la Condesa como vasallos del Rey portugués, entregándole la fortaleza de Mérida, no pudiendo sin embargo los portugueses entrar en ella por la resistencia que les pusieron los Caballeros de la Orden de Santiago a las órdenes de su Maestre D. Alonso de Cárdenas. Mas tarde la tomarían.
Desde esta fortaleza hicieron la guerra al Rey español, los partidarios de Monroy y de la Condesa aliados con los portugueses, así como desde las fortalezas de Medellín, Deleytosa, Azagala, Castilnovo, Piedrabuena y Mayorga.
A la vista de la intervención de los portugueses en Extremadura, los Reyes Católicos decidieron trasladarse hasta aquellas tierras, pues era tanto el daño que estaban causando que no había caminos, en aquellas tierras que estuviesen seguros para sus habitantes, significando solamente desolación, inseguridad y hambre.
Don Alonso de Monroy tomó el castillo de Montanchez desde donde hizo la guerra a Trujillo, lugar en donde se encontraba la Reina Isabel. La Reina ordenó que se tomase el castillo, pero cuando llegaron a él Don Alonso ya se había trasladado a los castillos de la Orden que le eran aliados, Mayorga, Piedrabuena, Azagala y Castilnovo, desde donde hizo la guerra a los pueblos de Badajoz y Cáceres con gente de Portugal.
Corría el año de 1479, cuando se firma la paz de nuevo entre Portugal y Castilla y entre las claúsulas figuraba para D. Alonso de Monroy el perdón real. Después de que D. Alonso renunciase a los derechos que tenía sobre el Maestrazgo de la Orden de Alcántara, pasó a ser Maestre D. Juan de Zúñiga, que entró al servicio de los Reyes Católicos. En el año 1492, fue Comendador del Castillo de Mayorga y Encomienda Frey Antonio Barba.
M. F. Ladera, detalla la relación de Encomiendas existentes en el año 1495 y que son identificables, por la existencia de un conjunto de cartas que los Reyes Católicos envian a los Comendadores correspondientes y a la alta dignidad de la Orden y en donde, se señalan el número de lanzas en que tenían que servir a los monarcas en caso de necesidad. El de Mayorga servía concretamente con tres lanzas. Al Partido de Alcántara pertenecían por estas fechas las Encomiendas de la orden: La Mayor, La Pueblas, Belvis y Navarra, Clavería, Hornos, Belvis, Ceclavín, Portezuelo, Peñafiel ( en La Zarza ), Acehuche, Benjayan, Castillo, Casas de Calatrava, La Magdalena, Casas y Juro de Coria, Santibañez, Las Eljas, La Moraleja, Villabuena, Herrera, Esparragual, El Peso de Valencia, Piedrabuena y Mayorga. De todos ellos por estas fechas a que nos estamos refiriendo, poseían castillo y fortalezas en buen estado la de La Mayor, ( el de Brozas ), Portezuelo, La Zarza, ( el de Peñafiel ), Santibañez, Las Eljas, La Moraleja, Herrera, Piedrabuena y la de Mayorga.
A partir del año 1570, serían solamente cuatro la Encomiendas que van a integrar el Partido de Valencia de Alcántara, juntamente con sus fortalezas. A saber: Herrera, Piedrabuena, Esparragal (ya muy deteriorada) y la de Mayorga.
Viendo los Reyes Isabel y Fernando las consecuencias que tenían sobre la seguridad en las fronteras, el nombramiento de ciertos Caballeros como Maestres de la Orden y que no ofrecían, o no ofrecieron siempre, las suficientes garantías de lealtad a la Corona de España, decidieron hacerse cargo de la administración de la Orden, en el año de 1494, obteniendo del Santo Padre Inocencio, el reconocimiento de la administración del Maestrazgo para si, con el fin de que no se volvieran a repetir que un Maestre pudiera aliarse con el Rey de Portugal. Mas tarde el Papa Adriano VI anexionaría este Maestrazgo a al Corona de Castilla y León perpetuamente y con él, la Encomienda y castillo de Mayorga.
Durante la guerra mantenida contra Portugal en el siglo XVII, el ejército del país vecino ocupó el territorio de la Encomienda, destruyendo el castillo en su retirada. Asi se decía de la Encomienda, en el informe de la visita de la Real Audiencia, en 1791: “Tiene un castillo en donde havitaban los dependientes y por haverlo arruinado los portugueses en las guerras del siglo pasado trasladaron su habitazion a donde oi se halla”. En este año de la Visita, se encuentra como Comendador el Brigadier de los Reales Ejércitos, Don Rafael de Valdés y Bazán, diciéndose entonces que es Villa eximida con jurisdicción ordinaria. En ese tiempo habitaban en la Casa de la Encomienda, el Alcalde Ordinario, el Administrador y dos guardas. Contaba con una capilla sin sacramentos, donde se decía misa los días festivos.
Siglos mas tarde la Encomienda pasaría a denominarse Dehesa de Mayorga en del partido judicial de Alburquerque, y jurisdiccional de San Vicente. Fue vendida por la Administración, de bienes nacionales en 18 de Octubre de 1843. Dividida en 19 partes, pertenecíendo a cinco dueños siéndolo, de 13 el canónigo de Badajoz, D. Juan Pascual Sama.
Madoz, dice textualmente: “Confina al N. con el término propio de San Vicente; E. Albuquerque, S. Codosera, y O. Valencia de Alcántara, comprendiendo 4 leguas de circuito, poblado de encinas y alcornoques, en el cual se encuentran además 38 casas, y la principal de la Encomienda, situada en el centro de la dehesa, a la orilla izquierda de la ribera de Alcorneo, con cuadras pajares, habitación para los guardas y una iglesia aneja a la parroquia de San Vicente; administraba el pasto espiritual a aquellos habitantes un capellán a expensas del señor Sama: Atraviesa la dehesa una sierra, que viene unida a la de Albuquerque, Azagala, etc., en medio de la cual hay un castillo arruinado, a su izquierda un sitio llamado Convento Viejo, aunque no existen vestigios de ninguna clase, y 23 casas en cuyo termino hay castaños, olivos, frutales y legumbres, de las que las patatas y judías son las mas abundantes. Le bañan las riberas de Tola, Alcorneo y del Fraile, formada esta por los arroyos de Silva y Madronal; en este último hay nueve molinos harineros y dos lagares de aceite; hay también muchas fuentes de aguas delgadas y saludables. Cuando aún pertenecía al estado, o la poseía el Comendador, tenía cárcel, cadena, grillos, etc. todo lo cual ha desaparecido.
En su tiempo, estuvo valuada en “un quinto ducientas y cincuenta mil mrs.”, y tenía el goce de sus frutos la Sra. Dª. María Estulique y Pimentel. Condesa de Valverde.
Hoy en día es una propiedad particular; con un buen acceso a sus restos; ruinas del Castillo de Mayorga que un día fue.
FIN