Sunday, October 15, 2006


ESCRITOS DE ASTURQUÍN

Si no me olvidas, yo estaré a tu lado, como lo estuve siempre. Tú, amiga, no me dejas, no me olvidas un instante, y te vienes conmigo cuando al salir a la calle, me acompañas sin pedirme nada a cambio, aunque necesites mi cuerpo, que es tu vida, y sin pedirme tan siquiera que acepte tu compañía, y aún sabiendo que pienso que a veces piensas, se, que de modo inconsciente, sabes que necesito tu compañía. No me enfado de tu insistencia, pues al contrario, me halaga que me trates, y me ayudes a seguir hacia delante.
Pero, amiga, que suerte la tuya, que haces las cosas de manera tan sencilla, no te cansas ni te mojas, no sufres ni padeces, por ti no pasan los años. Que suerte es la tuya, que ni las inclemencias ni el tiempo, hacen mella en tu figura. Por eso, te tengo envidia por mostrarte tan sencilla.
Llevamos años y años juntos, hemos recorridos no se cuantos caminos, subimos altas montañas, bajamos profundos valles, yo cansado, tú, infatigable. Disfruté tu compañía, hasta el borde del mar y esperabas mi regreso, para fundirnos juntos tumbados en la arena, de las playas que pisamos, y cobijarte bajo de mi, de la brisa del mar bravío.
Siempre te veo igual, no envejeces, tan jovial te veo y te siento a mi lado tan silenciosa, que a veces, ni me doy cuenta de tu presencia, otras, resurges con tanta fuerza, con tanto esplendor, que siento necesidad de hablarte, y aunque no me contestas, te quiero.
Te quiero por tu lealtad, te quiero porque me entretienes el camino con tus continuos movimientos, por tu figura y silueta, que acompaña mis flaquezas. Por saber, que si me canso, no me abandonas en el camino, y te paras a descansar, conmigo, mientras recupero el resuello.
Sabes bien, que cuando años atrás caminábamos juntos, siendo joven, no me dolían prendas par ir donde fueses en tus correrías, me sentía en las mismas condiciones con las que tu siempre te presentas. Hoy, me cuesta seguir tu misma senda, mi ritmo no es el mismo, sabes de mis músculos, tendones y lesiones, ya me voy fatigando, pero aún te sigo no obstante, con mas sudor, con mas esfuerzo y sobre todo, con mi otro yo, mi voluntad.
Tu sigues igual, no veo arrugas en tu rostro, no veo ninguna muestra de cansancio, tampoco sudores que lleva empapada mi camiseta y se que si Dios no decidiera, no te pararías nunca. Gracias te doy, cuando subo las cuestas, cuando te pones por delante y me arrastras, y me elevas, y haces al menos tu sigas siendo la amiga, que me acompañó siempre. A veces me dejas el lugar de honor, y te pones a mi izquierda, como intentando decirme al oído que no pare, que siga por el camino, haciéndole más llano, que el que nos tiende la gente.
Cuando no te veo te siento a mi espaldas, que empujas, y me digo: No te pares, sigue, que detrás vienes tu amiga, velando tus sufrimientos, que ve cual es tu esfuerzo al subir las empinadas cuestas, corriendo sudado; por ella, no me paro.
Pero, !Ay!, algo de ti me preocupa y es que no pienses, aunque yo tengo la certeza, que un día has de morir, y permaneciendo tan joven, que mueras sin haber sufrido, que mueras sin haber sudado, sin sufrimientos, aunque sea para ti indiferente, me entistece. No creo que sepas, que aún, no pasando por ti los años, que el tiempo no refleje canas en tu figura, tendrás que desaparecer, aunque para ti, como a lo largo de tu existencia, tampoco te ha de causar nigun dolor.
Seguirás siendo, para mi, muy importante, con el sol como testigo de nuestra alianza, y, aunque se que no lo sabes, yo te agradezco tu constancia, y perdones cuando me vaya, pues será el fin de tu presencia, ese día, en que, mi otra sombra navegue por otros espacios, entonces, solo entonces, mi cuerpo y tú, MI SOMBRA, habréis muerto.


ESCRITOS DE ASTURQUÍN

Oigo silbar afuera de mi ventana y me acurruco entre mis sábanas, aún calientes. Un amanecer envuelto en inesperado frio, ha llegado de otras latitudes.
Tomo mis armas, y me dispongo a lidiar los elementos a través del circuito diario que me impongo día a día. Hoy, el ambiente es de frio intenso, acrecentado por ti, antiguo y recalcitrante compañero de viaje, que lejos de hacer más dificil el camino me sirves de acicate y ayuda.
Siento como te vas metiendo entre los pliegues de mi armadura, acaricieando la piel, y aligero el paso para contrarrestar con el sudor caliente, la diferencia térmica, recuperando a medida que avanzo el equilibrio de las fuerzas.
De pronto, al doblar una esquina y a modo de zarpazo, siento tu empuje, desviándome ligeramente del sendero. El esfuerzo es ahora más grande, y por no perder la cadencia en el ritmo de marcha, me obligas a más y sigo sudando.
Te voy sintiendo ahora a mi espalda, y mientras subo la cuesta agradezco tu aportación, y a pesar de que mis piernas desnudas acusan la gelidez intensa de tu insistencia, sé que hoy, no tendré que dejar al sol, colgado del tendedero, el chandal mojado.
Cuando recorro la vereda flanqueada de madroños, que sienten como sus frutos, ahora maduros, caen diezmados por tus golpes traicioneros, las falanges de mis manos van quedando sin la tonalidad que caracteriza su piel, para tornarse de un blanquecino particular. Aguantan acostumbradas tu embestida, tratando de vencerte, golpeando alternativamente tu cuerpo invisible, a uno y a otro de mis lados.
Después apareces de costado y, cuando expulso la saliva en mi boca, la envias lejos, y me obligas a subir el yelmo de mi armadura para defender mis pabellones auditivos del intenso frio que llevas entre tus fauces. Al llegar a la crestería me aguardas con tus mejores armas, las de tu origen polar.
Sabes que voy en sentido contrario al tuyo y arremetes con ahínco sobre mi pecho y mi cara, en un alarde de fuerza, que trato de contrarrestar, echando más leña al fuego, sintiendo como sube el ardor en el cuerpo, por lo que te agradezco nuevamente, VIENTO DEL NORTE, tu compañía, ya que mis esfuerzos tendrán como beneficio, el deshacerme de unas cuantas grasas sobrantes.

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